La suerte de ser la “prostituta ideal” en los lenocinios

viernes, 2 de marzo de 2012

No era muy alta, como mucho medía un metro sesenta,  y su delgadez la privaba de poder insinuarse a través de un buen marcaje de sus glúteos. Sin embargo la niña tenía una buena delantera. Era aquel tipo de cuerpo que sin duda suele gustar a la mayoría de los hombres: una combinación de pequeñeces y fragilidades que provocan los más lascivos deseos sexuales. 

Lucero comenzó a prostituirse a los 17 años, primero empezó a ganar clientes publicitando sus servicios y luego se integró al grupo de prostitutas de uno de los más conocidos prostíbulos de la ciudad. Cuenta que el primer día que comenzó a trabajar una señora del lugar se le acercó y le dijo que no se metiera en un hueco del cual le sería imposible salir; pero Lucero admite, con orgullo, que a tal observación le contestó con una sarta de groserías.
Mientras pinta sus labios de rojo “efusión”, como ella dice, cuenta que muchas de sus compañeras que ingresaron al “negocio” fueron captadas por agencias de empleo e incluso por los mismos propietarios que en los primeros días las emplearon como meseras, “copetineras”, encargadas de limpieza y luego les ofrecieron mayores ingresos como damas de compañía hasta lograr prostituirlas.

Relata que la atención que brindan comienza a  partir de  las diez de la noche  hasta las  cinco de la mañana. De pronto baja la voz, como si alguien la fuera a oír, y dice que las mujeres captadas por los lenocidios enfrentan muchos problemas de maltrato y condiciones de insalubridad. “El precio y el trato a cada una de nosotras dependen de nuestras ganancias”, susurra.

Los montos que cobran oscilan  desde los 150 hasta los 500 bolivianos si se trata de la más requerida por los hombres.  “Hay muchas chicas que apenas los propietarios las ven se muestran interesados y saben que es la ideal para este trabajo”, dice Lucero mientras peina, con sus dedos, su largo y ondulado cabello.

Añade con actitud vanidosa que para ser la dama de compañía ideal tienes que ser joven, no tener familia cercana y ser muy bonita.  Explica que si no son cumplidos estos requisitos que se reflejan en ingresos económicos el maltrato inicia.

Lucero en la actualidad tiene 23 años,  sus padres se fueron a España y dice sonriente que aún tiene muchos clientes como cuando se inició como trabajadora sexual.  “Tengo la suerte de ser linda”, afirma.

Las características

ideales para ser contratada

La pugna entre los dueños de locales que compiten  por “quién oferta el mejor producto” ha hecho que haya ciertas exigencias a la hora de la contratación. Las más requeridas son:

•    Mujeres jóvenes
•    Mujeres solas y que no tengan bajo su dependencia a un menor
•    Mujeres “nuevas” de otros departamentos, extranjeras o que estén en su primera experiencia.
•    Menores de edad, las cuales son muy cotizadas por los clientes porque no exigen el uso del condón.

Las mujeres que no son del país o del departamento, además de las menores de edad reciben mejor retribución económica por sus servicios que el resto debido a que no son controladas por sanidad. “Hay propietarios que no quieren pasar sanidad porque trabajan con menores de edad en sus locales y éstas no tienen acceso al control médico”, dice Lucero.

Dicha situación sucede con Marcela de 20 años quien asiste al local de manera eventual. Ella cuenta que actualmente estudia en el colegio Belgrano, sus padres viven en Argentina  y ella vive con su abuelo, “vengo aquí a divertirme, a bailar  y hacerme mis fichas para cobrar  y ganar dinero. Debo ganar unos 800 bolivianos a la semana y eso me ayuda para continuar con mis estudios”, relata.

Cuenta que mientras más fichas acumule por compra de bebida, mayor es el pago que recibe, sin embargo aclara que las bebidas alcohólicas cuestan el doble en los locales nocturnos. “Tenemos que hacer que el cliente consuma y que nos invite, por cada vaso nos dan una ficha y cuando logramos pieza el pago es mayor”, afirma optimista.

Los castigos para las que
no logran ingresos

Sin embargo a no todas les va bien en este “negocio”. Según el balance realizado por la Defensoría del Pueblo entre los abusos más comunes de los propietarios hacia las trabajadoras sexuales que no cumplen con las expectativas de buenos ingresos están la violencia física, psicológica y económica.  Entre éstas figura:

- La disminución del monto que les corresponde aduciendo que han faltado a reglas internas.
- La expulsión del local por no tener Carné Sanitario cuando la Policía realiza las batidas sorpresivas.
- El decomiso de sus pertenencias como ser su ropa.
- El ocultamiento de fichas que evidencian que las trabajadoras tienen “x” porcentaje por consumo de bebidas alcohólicas o por hacer “pieza”.
- Las obligan a proveerse de sábanas ellas mismas para garantizar la higiene durante la actividad.
-Los preservativos les son vendidos a precios superiores que en el mercado, aunque estos deberían ser provistos por los propietarios, así como la higiene de las piezas.

Lucero relata que cuando renuncian o las votan del trabajo por cualquier razón y sin consentimiento del propietario, generalmente se pone en funcionamiento la “red de solidaridad” entre propietarios, lo cual impide la reinserción de la mujer en otro local de la misma zona geográfica, obligándola a emigrar a otras regiones del país.

El 30% de las trabajadoras sexuales no tienen Carné Sanitario

La investigación realizada  por el Defensor del Pueblo en Tarija saca a la luz que un tercio de las mujeres dedicadas a esta actividad no cuentan con documentos de identidad debido a que casi la mayoría carece de información y apoyo para tramitarlos.

La falta de cédula de identidad les impide obtener su Carné de Salud, cuyo principal requisito es la presentación de la cédula, esto les lleva a omitir el control médico exponiendo su salud y la del cliente a riesgos extremos, además de contribuir a la vulneración de la política implementada por el Servicio Departamental de Salud (Sedes).

De acuerdo al estudio poco más del 60% de las trabajadoras cuentan con carné de identidad pero en provincias el porcentaje se eleva a 80%. Gran parte de las que no cuentan con cédula no provienen de ciudades capitales.

La carencia de este documento implica sanciones impuestas por las instancias públicas que hacen recorridos nocturnos a los locales. A su vez los mismos propietarios  las castigan por esta causa, suspendiendo a las trabajadoras sexuales por varios días e incluso las expulsan del local. Los dueños de los locales recuperan su dinero a través de las mujeres porque estos cobros suelen cargárselos a ellas.

Son pocas las que logran conservar la suerte de ser la “prostituta ideal” y evitar los maltratos, empero el paso de los años les cobra una cara factura.

Cuatro lenocinios garantizan su servicio en la ciudad

De acuerdo al responsable del programa ITS VIH SIDA en Tarija, Carlos Romero, existen cerca de cuatro lenocinios en la ciudad que garantizan sus servicios efectuando el control sanitario semanal a sus trabajadoras sexuales. Reveló que también hay locales clandestinos, disfrazados de karaokes y discotecas que no realizan el control.

Citó a: El Caribe, Las vegas, Chicas de Oro y Sarao.  “Las chicas concurren semanalmente al consultorio  especializado donde hacemos exámenes vaginales y de laboratorio”, dijo y explicó que el Carné Sanitario garantiza su  trabajo durante la semana.  En caso de encontrarse alguna infección se las trata de inmediato gratuitamente y controlando a la paciente, si acaso la enfermedad persiste no se le firma el carné.

El documento sanitario está comprendido por cuatro hojas, el mismo tiene la validez de cuatro meses, donde se les firma semanalmente  una vez hecha la revisión.
“Luego de haber concurrido a la revisión  si todo sale bien, la mujer está apta  durante la semana para poder trabajar, luego deben mostrar  el documento al dueño del local  y al cliente si es que  éste lo requiere”, resaltó Romero.

Informó que son entre 80 y 100  las damas de compañía que se hacen revisar, sin embargo reconoció que hay gran cantidad de  chicas itinerantes que, en algunos casos, ya vienen con   su Carné Sanitario de otro departamento y el centro lo extiende hacia el departamento de Tarija.

A mejorar

Romero aseguró que se necesita más equipos y personal para controlar la higiene y salud en esta actividad.   “Como programa tenemos presupuesto para medicamentos y estos son carísimos por lo que no tenemos dinero para hacer supervisiones nocturnas. Las hacemos una o dos veces por año con suerte porque  es una labor interinstitucional donde tiene participación la Policía, Alcaldía y la Defensoría de la Niñez”, finalizó.

El Pais
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