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Las plazas del gas

En Yacuiba, Caraparí y Villa Montes se han construido grandes megaobras en los últimos tres años gracias a la renta hidrocarburífera.

Habían pasado varios años desde la última vez que fui, pero no me di cuenta por un cálculo matemático, sino por la impresión de volver a ver una ciudad totalmente cambiada. 



Recordaba la casa de un amigo en una calle de tierra a unas cuatro o cinco cuadras de la plaza principal. Hoy no hay calles sin pavimento en Yacuiba y la plaza principal, 12 de Agosto es un lujoso parque que nada tiene que envidiar a una ciudad de primer mundo.  ¿Qué pasó acá? “Es increíble la cantidad de recursos que están entrando en el Chaco, esta plaza costó 2 millones de dólares”, me cuenta Willy Guzmán, un periodista yacuibeño muy crítico del despilfarro de la zona a partir de la renta hidrocarburífera de los últimos años.

Oficialmente costó la mitad. El alcalde municipal, Carlos Bru, al entregar la obra en septiembre del 2010, informó que la inversión total fue de 7 millones de bolivianos, o sea un millón de dólares. Aún así, parece un gasto exagerado para una ciudad de 20.000 habitantes.
No cuesta imaginarse por qué costó tanto, en el centro todas las noches brinda espectáculo una moderna fuente de agua con luces de colores. En frente de la misma se yergue una gigantesca infraestructura con nueve columnas, una por departamento que sirve de antesala para un monumento que recuerda a la vez a los héroes de la Independencia como a los de la Guerra del Chaco.
 
La renta petrolera

Yacuiba, Caraparí y Villamontes pertenecen a la provincia Gran Chaco, de Tarija, una tierra bendecida con los más importantes yacimientos de gas del país. Esto les reporta una generosa renta por los recursos de coparticipación tributaria a cada municipio.

En el caso de Yacuiba, en 2010 recibió alrededor de 40 millones de bolivianos. Ese monto para un estimado de 138.500 habitantes, promedia unos 290 bolivianos por persona. Pero en el caso de Caraparí que tiene alrededor de 10.000 habitantes y Villamontes, 28.000, los ingresos de coparticipación sobrepasan los 400 Bs per cápita.

De acuerdo a estos detalles, Caraparí es por ahora el municipio con mayor ingreso per cápita del país, por coparticipación tributaria. Es un municipio de 10.000 habitantes, aunque una buena parte habita en alguna de las 45 comunidades rurales. Al ingresar a Caraparí lo primero que llama la atención es el gran canal que recorre cinco kilómetros sobre el cauce del río Caraparí y el puente modernista que lo cruza al medio, pese a que muy rara vez se ve un vehículo pasando por allí.

Pero sin duda, lo que más impresiona es el edificio de la Gobernación, donde sesiona la Asamblea Regional del Chaco y también está el despacho del Ejecutivo Seccional, que viene a ser el representante de la Gobernación tarijeña. Fue inaugurado en 2008, para el aniversario del pueblo que cumplía 352 años de fundación. Tuvo un costo de 14 millones de bolivianos. Se trata de una lujosa infraestructura, funcional y adaptado al clima caluroso de la región. Solo en la parte de adelante tiene 15 oficinas, la mitad de ellas vacía, porque el aparato burocrático de la institución no amerita más. En la parte de atrás se ha instalado el hemiciclo de la Asamblea Regional, cuyos miembros se pueden dar el lujo de tener cada uno su oficina propia.

La primera Asamblea Regional

La nueva Constitución Política del Estado establece cuatro niveles de autonomía: la departamental, municipal, indígena y regional. De esta última solo existe la del Gran Chaco tarijeño.

En 2009, el pueblo chaqueño votó sí a favor de la Autonomía regional y el 4 de abril de 2010 eligió a los nueve miembros de la asamblea. Este parlamento regional está compuesto por dos representantes por municipio (Yacuiba, Caraparí y Villamontes) que suman seis, y un representante por cada pueblo indígena, que son tres: tapiete, weenhayek y guaraní. Los nueve asambleístas tienen la potestad de crear leyes regionales y establecer ciertos impuestos, aunque esto todavía está en construcción. Además, la Asamblea tiene la obligación de elaborar un Plan de Desarrollo Regional, que, por supuesto, tiene en los hidrocarburos su principal potencial.

Su presidente, Raúl Mancilla, asambleísta del MAS, electo por Yacuiba, coincide en que obviamente los recursos del gas son la base de su desarrollo, pero también es crítico en cuanto a la distribución de los mismos. “Nosotros como región hemos planteado primero que se tienen que resolver estructuralmente los grandes problemas de la sociedad. Este Plan además tiene que reflejar que la inversión de realizarse con justicia y equidad social”, asegura. “Hoy vemos en la región las ciudades con todas las comodidades, lindas plazas y obras, pero si vamos a una comunidad indígena no vemos nada de eso. Entonces, el desafío es hacer que este Plan de Desarrollo sirva para eliminar la brecha de injusticia social”, plantea la autoridad.

Algo de eso se puede percibir en la misma red de vías, llegar a una comunidad indígena implica atravesar algún camino polvoriento. Incluso, la misma carretera que une Yacuiba con Caraparí no está completamente asfaltada. La presencia policial refleja otra asimetría. El robo a una entidad financiera en Caraparí destapó que en ese municipio solo había dos policías para custodiar a más de 10.000 habitantes.

La consolidación de la autonomía regional apunta a tratar de subsanar estas asimetrías y los asambleístas se jactan de la unidad demostrada como región, por encima de las diferencias político partidarias. 

“Más allá de los colores políticos, lo que nos vincula como chaqueños es nuestra identidad de querer hacer las cosas bien”, afirma Mancilla.
“Ante todo somos chaqueños y hemos logrado ponernos de acuerdo. Se han hecho muchas cosas, pese a que en un principio no contábamos con recursos. Los hicimos con nuestros propios medios. Debo destacar que hemos participado en la elaboración de la Ley Marco de Autonomías y nuestras propuestas fueron incluidas”, coincide José Luis García, asambleísta de Yacuiba, por el Poder Autonómico Nacional (PAN).

La histórica Villamontes

 
El tercer lado de este triángulo es Villamontes, cuyo valor histórico se constituye en todo un símbolo de la región. Fue en esta ciudad desde donde se comandaron las operaciones durante la Guerra del Chaco, y el esfuerzo de la lucha se ve históricamente recompensado con la presencia del pozo San Alberto en su territorio, que produce entre el 35% y 40% del gas que se envía a Brasil. Esto se traduce en un buen rédito económico, de más de 11.000 millones de bolivianos por coparticipación tributaria.
Como sus vecinas, también se ha acicalado, empezando por su plaza donde se reconstruyó la antigua glorieta del centro, que rememora el episodio histórico del “Corralito de Villamontes”, en el que los militares de la época destituyeron al presidente Daniel Salamanca en plena Guerra del Chaco.
Para mantener viva la memoria del conflicto bélico, se construyó una moderna infraestructura para albergar el Museo Histórico de la Guerra del Chaco, que se constituye en uno de los principales atractivos turísticos de la región. Y es que el turismo es otra apuesta de los chaqueños, junto con la ganadería, la agricultura y la pesca. Sin embargo, nada de eso genera tanto como el, por ahora, inagotable gas.
 
"Vemos en las ciudades lindas plazas y obras, pero si vamos a una comunidad indígena no hay nada de eso".
Raúl Mancilla Pdte.
Asamblea Regional
Gerson Rivero
grivero@edadsa.com.bo

A través: El Dia

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