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El acta de fundación de Tarija fue quemada por el comandante Mariano Ricafort

Según el historiador tarijeño, Elías Vacaflor Dorakis, el acta de fundación de la ciudad de Tarija realizada el 4 de Julio de 1574 por Luis de Fuentes y Vargas, fue quemada durante la reconquista española de esta ciudad el 11 de julio de 1817, comandada por uno de los más temibles militares españoles, Mariano Ricafort, quien al llegar a Tarija comenzó a realizar una serie de violaciones, en ella quemó el Cabildo y sus documentos, donde se encontraría el acta de fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera hoy Tarija.
“Después de la Batalla de la Tablada que fue reconquistada por las manos patriotas el 11 de julio llegó a Tarija uno de los militares más tenebrosos que tuvo España, él tenía la orden de reconquistar Tarija que había caído en manos de los patriotas del 15 de Abril y de tal manera él al haber partido de Potosí llegó con un contingente pasando por Tupiza y el 11 de julio de 1817 retomaron Tarija y como represaria comenzó a hacer una serie de violaciones y desmanes a la población, comenzó a corretear a mucha gente, el acta de fundación tiene que haberse perdido quemado durante esa invasión”, dijo el historiador Vacaflor.

Añadió que todos los Cabildos tenían las actas, obviamente sólo se pueden ubicar cuatro libros que están en la Biblioteca Municipal, “alguien los hizo empastar y al haber hecho ello han embromado una serie de partes del documento, el primer libro no existe, porque las actas fueron arrancadas y desaparecieron”, afirmó.

El gran fundador

Luis de  Fuentes y Vargas fue uno de los más prósperos empresarios mineros que tuvo la corona española  que llegó a ser la máxima autoridad de lo que hoy es Chichas-Tupiza y en su calidad de empresario minero, además de ser hombre que no practicaba la guerra ni ninguna de esas prácticas fue quien aceptó hacerse cargo de la fundación de la Villa de San Bernardo y no como algunos historiadores indican que haya fundado antes Tupiza.

El fundador de Tarija cumplió una serie de requisitos como riqueza, autoridad y no tener antecedentes defactos en su curricula. Luis de Fuentes nació en Sevilla- España y el  21 de junio de 1530 fue elegido por el Virrey Toledo para fundar Tarija.

Vacaflor, indica que de acuerdo a las investigaciones que realizó en estos últimos 14 años,  su primer trabajo fue referido a la Real Provisión del 22 de enero 1574 mediante el cual el Virrey Francisco Álvarez de Toledo, previamente el año 1573 se reunió varias veces en Potosí y en la ciudad de La Plata para definir el perfil de quien sería el hombre indicado para llevar adelante la fundación de una Villa en la ciudad de Tarija, el virrey Toledo había tenido reuniones con otras personas que viviendo en Potosí o en la Plata no aceptaron por las condiciones requeridas. Ante la sugerencia del padre superior de los dominicos en Potosí, el virrey Toledo ordenó que se convocara a Luis de Fuentes y Vargas quien se reunió con el Virrey a fines de 1573, luego de poner acuerdos y condiciones él aceptó de tal manera que Toledo estando en La Plata, hoy Sucre le entregó la Real Provisión del 22 de enero de 1564, el cual era uno de los documentos más solemnes de la corona española, de estricto cumplimiento.

Luis de Fuentes sólo fundó Tarija y no fundó Tupiza porque dentro de la orden que le dio el Virrey Toledo solamente figuraba la fundación de una villa en el Valle de Tarija incluso dispuso que se llamara San Bernardo de la Frontera en honor al santo que les acompañó en la reconquista de España.
El hecho se realizó el 4 de julio de 1574, el acta no existe porque fue arrancada del primer libro del Cabildo de Tarija pero hay una nota publicada en el libro del Padre Corrado que da cuenta de que el 29 de octubre de 1574 el Cabildo Tarija hizo conocer a la audiencia de Charcas que el 4 de julio se fundó la Villa de San Bernardo de Tarija, por lo tanto ésta es la fecha definitiva y que merece la mayor atención.
“Hay algunos historiadores tarijeños que indican que Pedro Candia había fundado un pueblo en Tarija y eso es totalmente erróneo porque de acuerdo a documentos obtenidos en Estados Unidos y en otros lugares Pedro Candia no fundó ese pueblo que tanto ansiaba y que tanto quería y que era parte de un acuerdo con Pedro Anzurez porque fracasaron”, dijo, Vacaflor.

Recuerdo: Un singular festejo de fundación
William Bluske Castellanos

Con gran alboroto en el pueblo se preparaban los festejos del cuarto centenario de la villa, se convocaba al Municipio, a las agrupaciones de toda índole sean estas deportivas, culturales o musicales.

Con paciencia y dedicación llega  el día en que todos reunidos, consideran solemnemente el producto de su sapiencia, así, sentados en los polvorientos curules de los munícipes de antaño se pidió al notario Choncana, por tener mejor voz, que leyera el proyecto. Choncana sigue leyendo el programa que abarca cuatrocientos actos.

En la segunda reunión convocada para la revisión del “programa de Festejos del Cuarto Centenario de la Fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera”, cuando ya todos estaban acomodados en los añejos curules municipales, entra vociferando Jalisco, Comendador de los festejos, protestando porque se habían olvidado incluir en el programa un acto especial que honre la memoria del Fundador de la Villa.

Jalisco, romántico evocador de nuestras glorias pasadas insta a las celebridades que constituyen la comisión de festejos a incluir el más importante de los actos. Finalmente, señores -decía Jalisco- el mejor homenaje que podemos rendir al prócer es repatriar sus restos para que descansen en paz bajo la sombra del churqui grande en esta Villa que él fundó... concluye con aplausos y polvo.
Perplejas las autoridades y miembros de la comisión de festejos por la elocuencia del orador y contritas por la imperdonable falta de iniciativa, aprobó sobre tablas la feliz sugerencia que se plasmó en el 401 punto del programa y que por su importancia se lo recorrió al décimo lugar.

De esta manera, el genial dueño de la idea fue encomendado por unanimidad para realizarla y constituiría el acto central de los festejos del cuarto centenario de la Villa. Estaría sujeto a otro programa llamado “especial” para cuya facción se nominó una comisión llamada también “especial” para ubicar los huesos del Fundador y traerlo de vuelta al pago. Presidente “especial” de la comisión “especial” que desarrollará el programa “especial” fue elegido el muy apreciado Jalisco.

El Flaco, el Perdiz, el manco León, el ratón Laporte y el batracio Reyes fueron nombrados miembros del Comité Ejecutivo bajo la presidencia de nuestro inefable Jalisco.

Como es lógico e inteligente, en la primera reunión ordinaria del Comité Ejecutivo de la Comisión de Repatriación se analiza si el nombre propuesto para tal comisión era el adecuado. Se discute, se expone y se concluye que el rótulo entraña una horrible cacofonía, en consecuencia había que cambiar “Comisión” por “Comité” que sonaba mejor. Luego se pasa a revisar la palabra “repatriación” que significa volver a la patria. En esto hubo consenso y todos muy felices de sentirse émulos de la Real Academia de la Lengua, aprobaron la palabra “repatriación” quedando en definitiva el nombre del “Comité de Repatriación de los Restos del Fundador de la Villa de San Bernardo de la Frontera”.

Se fija fecha para la próxima reunión con el objeto de investigar el paradero de los huesos del prócer. Pasaban los días, el Comité trabajaba febrilmente, se revolvieron las bibliotecas, tanto las públicas como las privadas.

Después de una acuciosa investigación se establece que los restos del Fundador no podían estar en Sevilla ni en Murcia su tierra natal, porque no tuvo oportunidad de regresar a la madre patria. Pues, enjuiciado por la Real Audiencia de Charcas por denuncias y anónimos de sus propios allegados se traslada a la ciudad blanca para asumir defensa. El Presidente desalentado lamenta que todos, él incluido, estuvieran impedidos de viajar.

Contritos los miembros de la Subcomisión por este escollo surgido a la hora de la verdad empiezan a meditar una solución. Tratan de recordar nombres de paisanos que vivieran en la capital. Finalmente dan con los nombres de dos conspicuos ciudadanos como el Pollo y el Coto. En el acto se redacta un conceptuoso oficio, relievando las virtudes y cualidades, el amor al terruño y a la patria y se les encomienda la sagrada misión de ubicar y conducir los restos de don Luis a la ciudad de Tarja hasta el 3 de julio de ese año recordatorio.

En la Ciudad Blanca, en la ventanilla de la caja número 2 del Banco Nacional de Bolivia, en medio de billetes en desuso estaba el Pollo cuando recibe un voluminoso sobre de papel de manila.  Los efluvios alcohólicos que brotaban de los poros del Pollo, como saldos de una noche de placer y alegría, le provocaron un malestar que él llamaba “la perseguidora”.

Así, con la “perseguidora” encima el Pollo lee el contenido de la nota bajando cada vez la vista para traspasar sus bifocales, se le estiran las comisuras de los labios hasta alcanzar las bien dotadas orejas, se le infla el plexo, crece de estatura y exclama en un susurro: este soy yo. Sigue recomiendo con la mirada los términos del quirógrafo como si estuviera yendo por la “ruta de los Libertadores” y de pronto palidece, se le frunce el ceño y tira el papel al canasto de basura. La firma del conceptuoso oficio decía simplemente: “tu cumpa Jalisco”.

En fracción de segundos, revolotean en la mente del Pollo, un mundo de recuerdos de la infancia como cuando jugaba bolitas en la Plaza Luis de Fuentes con su compadre... No puede ser, se repetía asimismo y extrayendo del cesto el arrugado oficio vuelve a fijarse en la firma y seguía siendo la misma: “tu cumpa Jalisco”. ¡Qué caramba! musitó el Pollo, los términos son altamente conceptuosos y al final ¿quién sabe en Sucre qué Jalisco es mi compadre? Se sienta sobre el oficio para que quede planchado, lo dobla y se lo mete al bolsillo.

Son las doce del día, sale a la calle y se va caminando con la cabeza gacha, como si estuviera pateando sapos... La responsabilidad que tenía era inmensa. Sigue caminando el Pollo y al dar vuelta la Catedral llega a la Plaza 25 de Mayo. No habla con nadie, tampoco contesta los saludos que recibe.

Galopaba el mes de junio de los años 74, no del 1500 sino del 1900, y nuestro amigo Pollo volaba de sacristía en sacristía para escarbar datos sobre los insignes varones sepultados en los templos desde la colonia. Después de su largo recorrido el Pollo no se desalentaba y al caminar seguía repitiendo su estribillo: “si aquí se ha muerto aquí tiene que estar”... pero no está.

Hombre de muchos recursos, amigos y tragos, el Pollo de inmediato se pone en contacto con el Coto Pelais y entre los dos, el Coto y el Pollo se pusieron a las andadas para encontrar a la más famosa espiritista de Sucre para que pudiera hablar con el espíritu del prócer y les avise dónde dejó su osamenta. El Coto jamás le dijo al Pollo que él también había recibido un conceptuoso oficio metiéndolo en el mismo baile.

Después de una muy larga sesión de espiritismo determinaron que don Luis se encontraba en Santo Domingo. A Santo Domingo se fueron el Pollo y el Coto y con decidida ayuda del sacristán recorrieron las naves del templo, pero en ninguna encontraron vestigios del Fundador.

Después de una larga reflexión llegaron a la conclusión inequívoca de que por imperio del tiempo y por falta de espacio mortal para cobijar a tantos, tantísimos hombres ilustres, doctos y notables, don Luis fue a parar al osario común en el Cementerio General.

Así, sobre el enorme túmulo que se anunciaba asimismo con letras doradas “TERRA SACRA”. Se trepó el sacristán, abrió una portezuela y el Pollo le alcanzó una caña, un piolín y un gancho de alambre con lo que Diego el sacristán, improvisó un anzuelo para dedicarse a la pesca de cráneos, tibias y peronés. Finalmente, el Pollo le grita a Diego, mándame unas canillas unas cuantas costillas y otros huesitos y rajemos.

De esta manera, el Coto, el Pollo y Diego el sacristán arman un fundador de primera clase, además bicéfalo. La pesca de huesos estaba concluida, pero, ahora en ¿qué los ponían? Diego, impulsado por la propina tantas veces ofrecida por el Coto, sale como refusilo y al instante está de vuelta con un tarro vacío de Leche “Klim” de esos de cinco libras.

El Pollo, el Coto, Diego y el tarro de leche se encaminaron hacia la casa del primero, entregan el tarro a la mocha para que la guarde.

En Tarija, en el noticioso de las 12 del día lunes se transmite el siguiente telegrama: “Prescomité Restitutivo Restos Fundador.- Tarija.

Emocionados expresamoslé que luego veinticinco días de sacrificada e intensa búsqueda, guiados por mano divina dimos con restos amado y preclaro Fundador Villa San Bernardo de la Frontera glorioso Capitán Luis de Fuentes y Vargas. Residentes tarijeños y autoridades departamentales de Chuquisaca despedirán solemnemente restos mortales. Cortejo acompañará urna funeraria hasta aeropuerto. Esperamos confirmación día, hora y vía llevaremos despojos. Atte. Pollo, Coto”.

A Sucre llega un telegrama de respuesta: “A nombre pueblo Tarja, Comisión Restitutiva, Primera Sub. Comisión y mío propio agradecemos por alto y grande espíritu patriótico demostrado en difícil misión encomendada y felicitamósles por éxito culminación tras largas y agotadoras jornadas dignas de titanes. Si LAB cumple horario costumbre mandaremos avioneta alquilada FAB. Alcaldía acordó otorgarles acto público pergamino honor declarándolos “Hijos Preclaros” de esta tierra. Atte. Prefecto.
Luego de escuchar la lectura del telegrama el Pollo quedo pálido y lívido y le dice a Coto, che, creo que se nos ha ido la mano en el telegrama, ahora ¿qué vamos a hacer? No te preocupes hombre... esto lo arreglo yo en un tris, cuando todo esté listo te aviso. Macanudo che... y se despiden.

El 3 de julio bien temprano, cuando el sol virginal del oriente descastaba contra los techos chuquisaqueños, el Coto golpeaba con fuerza el aldabón de la casa del Pollo. El Coto impasible e irritado lo apura a vestir porque había que poner los huesos del fundador en la urna de madera que había traído, y le muestra una hermosa urna de madera bien pulida y embarnizada, doscientos pesos viejo, cien por nuca, así que a aflojar, el Pollo lo mira furioso al Coto y le dice: ¿qué te has creído che? ¿qué soy la mamá de don Luis?

Los huesos, ya terrosos, fueron colocados en la urna funeraria. El Pollo y el Coto, vestidos con sus mejores galas y con la urna bajo el brazo se fueron a la casa de la libertad.

La urna estaba depositada en la patria mesa cubierta de paño guinda y dos sirios en regios candelabros de plata.

El maestro de ceremonias anuncia al poeta quien pronunciará la oración fúnebre y de despedida al Fundador.

¡Luis, Luis, Luis de Fuentes y Vargas!
tu nombre se pierde en la distancia...
y ya no escuchas mi voz, mi trémula voz ( y era trémula) ...
Cuatrocientos años nos separan
y no escuchas mi voz...

Así sigue el poeta, mal hilvanando versos y rimas. El maestro de ceremonias invita acompañar los restos hasta el aeropuerto. Todos salen a tomar sus movilidades a la plaza 25 de Mayo. El Pollo y el Coto salen al final portando la alivianada ánfora funeraria. Llega la caravana a destino y la multitud  abre una calle para que pasen el Pollo y el Coto, vestidos de luto, con la urna sagrada sobre un almohadón, mitad rojo, y mitad blanco.

El cielo se pone oscuro y entre cúmulos, cirrus y nimbus desaparece en el horizonte la avioneta FAB., con el Pollo, el Coto, la urna y el piloto, todos rumbo a los verdes valles del sud. Inmensa muchedumbre y mochedumbre se arremolina en el aeropuerto Oriel Lea Plaza de la ciudad. La Torre de control anuncia la aproximación de la minúscula aeronave, las autoridades, con el prefecto a la cabeza juntamente con los vocales de la Corte del Distrito, Contralor, miembros de la Comisión Restitutiva y sus dos subcomisiones, siguen las instituciones cívicas.

Se acercan las autoridades y el Prefecto recibe el ánfora funeraria de manos del Pollo. Un minuto de silencio.  Son las once de la mañana del día 4 de julio de 1974, han transcurrido cuatrocientos años desde aquél en que el valiente capitán don Luis Fuentes y Vargas fundara la Villa. En la Plaza que lleva su nombre, con asistencia de todo el pueblo, el Pollo y el Coto incluidos, se da comienzo a la solemne misa concelebrada por el alma del fundador. Acto seguido se traslada nuevamente la urna a la Catedral donde en medio de bendiciones, réquiems y silencios se da cristiana sepultura a los presuntos restos de don Luis.

En el salón municipal, ya libre de polvo, se escucha nuevamente la voz de Choncana leyendo los finales de la ordenanza municipal:....” a estos meritorios ciudadanos se los declara Hijos Preclaros de su tierra. Entrégueseles copia autógrafa... etc., etc., etc.”, y aplausos.

Sigue el programa del Cuarto Centenario, fiestas y verbenas por todas partes, llegan Ministros de Estado a realzar los actos y culmina la fiesta con la llegada del Presidente de la República que firma decretos en favor de la Villa que nunca se cumplen. Pero, de todos modos y de esta manera, el Pollo y el Coto tienen sus pergaminos… Todo gracias al subdesarrollo ¡Aleluya!, (años más tarde todo fue descubierto).

El País

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