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Hoy se cumplen cinco años de la muerte del “Gringo Limón”

Hoy se cumplen  5 años desde que una ingrata enfermedad lo llevara a mejor vida,  muchos tarijeños lo siguen recordando con cariño, como la persona carismática que siempre fue. José Antonio Lema Molina, mejor conocido como “Gringo Limón” dejó un legado de simpatía, no sólo en la gente que tuvo oportunidad de conocerlo, también fue muy  querido por un público boliviano que disfrutaba de sus ocurrencias en el programa televisivo que conducía: “A chuparse los dedos con el Gringo Limón”.

Tanto en la red PAT de la ciudad de La Paz como en Megavisión en Santa Cruz de la Sierra, era infaltable aquel comentario que destacaba las costumbres tarijeñas, representando con cariño  la forma de pensar y hablar de su gente, mientras con entusiasmo preparaba deliciosos platillos con una absoluta pasión por la cocina.
Hoy se cumplen cinco años de la muerte del “Gringo Limón”

En Tarija su programa también era muy seguido, pues todos querían saber de sus opiniones, escuchar sus comentarios y aprender de sus recetas, recuerdos que aún siguen emocionando a muchos.

Su compañera inseparable de 22 años de matrimonio, Shirley Severich, nos habla de su trato íntimo y directo con el “Gringo Limón”, un hombre sencillo, generoso, con muchas ganas de salir adelante, orgulloso de sus raíces y sobre todo amante de su familia, pues para él lo primero y más importante siempre eran sus hijos.

“Desde arriba siempre le pido que interceda por nosotros con el Señor, especialmente por sus hijos, pues aquí seguimos dando batalla al proyecto que teníamos, manteniendo ese deseo que él tenía como defensor de su cultura y de su comida, cuidamos su nombre con la salteñería y el restaurante que es la vida que tanto le gustaba y que me enseñó a disfrutar”, comenta la viuda.

Su legado

El restaurant salteñería “Gringo Limón”, ubicado en la calle Colón entre Virginio Lema y Alejandro del Carpio, conserva esa afluencia de gente que gusta de la buena comida, de los platos típicos, sobre todo del picante de conejo todos los martes a las cinco de la tarde, recetas que dejó como legado para que su familia pueda sacar adelante el tan apreciado rubro gastronómico al que dedicó cerca de 50 años de su vida.

“Cuando salió bachiller se fue a estudiar a La Plata, Argentina, pero no le gustaba mucho el estudio, comentaba que los fines de semana cocinaba para los tarijeños y amigos, decía que esta curiosidad por la cocina le venía de su familia, muy tradicional y con buen paladar, mencionaba a su abuela Candelaria, su madre doña Casimira y sus tías que le daban las recetas”, así comenzó su inclinación por la cocina, añade Shirley.

Relata que siempre andaba metido en la cocina levantando las tapas de las ollas, probando, era una cosa innata, pero siempre aseguró que no era un chef “soy un cocinero”, decía, recalcando que la sazón para él era ponerle todo el amor y el cariño a las comidas que preparaba.

“Nunca nos separamos hasta el último momento que partió a la casa del Señor y él como todo taurino tenía su carácter. Yo soy muy defensora de la familia vengo de una familia numerosa con siete hermanos, no hay la perfección siempre hay cosas buenas, malas, pero sabíamos salir adelante, teníamos mucho diálogo y caminábamos juntos”, dice.

Cuenta que como todo Lema era tozudo, “luchamos muchísimo, especialmente en los últimos 11 años con su enfermedad, pero Gringo  siempre tomaba todo por el lado positivo poniéndole su chispa, decía que era un privilegiado pues en el horóscopo podía elegir lo que más le conviniera entre  los signos zodiacales de tauro y cáncer”, dice.

Relata que le comentaba a los médicos que no tenía miedo a la muerte sólo deseaba tener unos años más porque tenía un hijo pequeño y una mujer joven, “no quería dejarnos, tal vez eso era lo que más le preocupaba pero nunca mostró aflicción, sólo Dios y él saben lo que habrá sufrido pero a nosotros siempre nos levantaba el ánimo y era positivo”, añade.

Murió a los 64 años

Shirley continúa con el relato y cuenta que Gringo Limón les dejó grandes enseñanzas, asegura que era un  hombre multifacético, muy polémico y sobre todo una persona muy solidaria, “no hay perfectos en este mundo pero todas las cosas malas quedaban chiquitas a lado de tanta nobleza y generosidad, siempre destacaba con la familia y los amigos que se debía dar mucho amor a los hijos para que cuando ellos crezcan y hagan su familia puedan transmitir lo mismo”, afirma.

La viuda  añade que aún hoy cuando va por las calles o en los mercados, le preguntan por él, le mencionan que veían su programa y lo mucho que lo disfrutaban, le dicen que lo conocieron y que eran amigos porque esa era otra de sus virtudes, siempre estaba en contacto con la gente.
“Era muy fosforito, así como se encendía se apagaba, dejó muchas anécdotas de vida, las travesuras cuando era chico, era la alegría en las reuniones familiares, el toque lo daba el ´Gringo Limón´, ahora ya no es lo mismo”, lamenta.

Cuenta que estuvieron en La Paz por 13 años, luego tres años más en Santa Cruz y volvieron a Tarija porque sus hijos que ya eran profesionales y habían formado familias querían que disfrute de los nietos. “Cuando regresamos a Tarija él estaba sano, no imaginé que el cáncer nuevamente se le iba a manifestar si no hubiéramos vuelto antes, pero al menos tres años pudo disfrutar de la gente y de la tierra que amaba”, cuenta Shirley Severich.

 “Hijita” así llamaba siempre a su esposa, tal vez por la diferencia de 17 años, tal vez sólo por costumbre, pero siempre fue su protegida, “Hijita vamos  a hacer esto”, “hijita vamos a viajar”.
Extrañar es difícil aún más cuando se extraña todo, desde las cinco de la mañana él estaba despierto y comenzaba el alboroto, la tele prendida a esa hora, el volver del canal, la siesta infaltable y el medio día para almorzar.

Amaba tanto la cocina que para él no había flojera, a las dos de la mañana quería cocinar, abría la heladera y de lo que había se hacía comida, “era su pasión dedicó su  vida a preparar exquisitos platos, a hacer atención, era impresionante, nunca existirá otro ´Gringo Limón´, es difícil de pensar”, asegura Shirley.

En sus últimos momentos estuvo rodeado del cariño y amor de su esposa, hijos, hermanos, sobrinos, pero él nunca  hablaba de la muerte. Jamás. Aún en su lecho de muerte solía decir “hijita ya me voy a sanar y no sabes tengo unos proyectos”, siempre con ese buen ánimo. “Quizás por no ponernos tristes, yo misma pensé que el Señor le daría una oportunidad, hasta el último momento no acepté la enfermedad, fue terriblemente doloroso pero con la bendición de mi marido seguimos adelante”, aclara Shirley.

“Solo tengo que agradecer a la gente que conoció al ´Gringo Limón´ por sus expresiones de cariño, él siempre nos acompaña y está presente en los corazones de todos los que lo han querido, como católica lo tengo a mi lado, es mi ángel de la guarda. Los primeros años fueron muy duros pero con la ayuda del Señor lo fui superando, todos tenemos que partir unos primero otros después, el consuelo que tengo es que el Señor se lo ha llevado porque él lo necesita más que yo, ese es mi consuelo”, añade la viuda.

Patricia Ibáñez Molina
El País

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