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El fallecimiento de un niño con desnutrición sonroja a Tarija

J.D. (Iniciales del nombre) era un niño de nueve años. Pesaba, a su edad, apenas seis kilos, como si fuera un niño de cuatro o cinco meses. El 20 de noviembre, en el Hospital Regional San Juan de Dios de la ciudad de Tarija informaron de su internación. Por su grado de desnutrición – severa – entró en estado de coma. El niño también presentaba un cuadro séptico y bronconeumonía, según el jefe de la Unidad de Pediatría, Carlos Romero. El sábado su vida se apagó para siempre.

J.D. tenía parálisis cerebral y era totalmente dependiente, dar a conocer sus necesidades era una cuestión de conexión, debía ser ayudado por terceros en todo momento. El sábado su vida se apagó para siempre.
El fallecimiento de un niño con desnutrición sonroja a Tarija


El sufrimiento en silencio

El Comité Departamental de la Persona con Discapacidad (Codepedis), según su directora, Victoria Ortega, desconocía de la existencia del menor. Lo supo el 20 de noviembre, día en que su padre acudió a las oficinas de la institución para obtener el carnet de discapacidad, a solicitud de los médicos del hospital, para entonces ya era demasiado tarde.

Al conocer la situación en la que se encontraba el niño, el 22 de noviembre, el Codepedis dispuso los profesionales para que lo atiendan, pero fue tarde, al día siguiente murió.

“Este niño ha tenido una muerte lenta – lamentó Ortega -. Creo que ni al peor enemigo se le desea hacer vivir con una muerte lenta y jugando con el estómago”.

El niño, además de no tener el carnet de discapacidad, tampoco contaba con el documento del Seguro de Salud Tarija (Susat). “Por tanto, hubo descuido de los padres”, dijo Ortega.

Ese documento permite a la persona con discapacidad acceder a los beneficios nacionales o departamentales como medicamentos y atención con médicos especialistas.

¿Los sistemas fallaron? ¿Negligencia? ¿Agotamiento? ¿Conformismo? La pregunta de cómo es que en el departamento más rico de Bolivia, muere una persona por desnutrición está en el aire.

Viven ocultos 

Ortega indicó que hay familias que esconden a las personas que tienen grados de discapacidad como lo tenía J.D.

“En muchos casos, a las personas con discapacidad grave los esconden – dijo – tienen vergüenza de mostrarlos a la sociedad, están olvidados hasta por la propia familia”.

La Directora de la institución mencionó que el padre del niño tenía conocimiento de la existencia del Codepedis. Anteriormente llegó hasta las oficinas por un problema que tuvo con otra persona con discapacidad, perteneciente a la comunidad de Guerrahuayco.

Aseguró que una brigada del Codepedis acude a las casas de las personas con discapacidad, cuando conoce de algún caso para brindarles ayuda. Sin embargo, en el caso del niño que murió, afirmó que desconocía de la existencia y que lo supo recientemente.

Rastrillajes 

El Codepedis hace rastrillajes en las comunidades del departamento para detectar si hay personas con algún grado de discapacidad. Sin embargo, en el caso de J.D., los padres  tienen su domicilio en el barrio Cuarto Centenario, por tanto, según Ortega, debían acudir al Servicio Departamental de Salud (Sedes) o al Codepedis.

Ortega explicó que el Sedes hace la valoración de las personas para detectar el grado de discapacidad que tienen.  Una vez que es emitido un informe al Codepedis, éste lo inscribe un sistema departamental y luego nacional, una vez cumplido ese proceso, el Codepedis otorga el carnet de discapacidad.

El caso pasará a la Fiscalía 

La defensora del Pueblo, Gladys Sandoval, y la Directora del Codepedis, coincidieron al indicar que el caso pasará al Ministerio Público para que determinen si la muerte del niño es responsabilidad de los padres.

El Nacional

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