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Violencia y precariedad amenazan al rico Chaco

El día de la balacera, ella estaba en la calle Comercio de Yacuiba, la brava frontera con Argentina. Lorena (26) barre el piso de su casa y revive asustada, mientras cuenta, de un tiroteo que la agarró hace unas semanas cuando volvía del banco: unos muchachitos de 16 o 17 años hirieron a un taxista a cuatro cuadras de la plaza Lea Plaza. Pero no solo la inseguridad la golpea, también le duele entre Bs 300 y Bs 500 al mes por facturas de energía eléctrica, más de lo que gastaba cuando vivía en Santa Cruz.

A 90 kilómetros de ahí, un angelito moreno, barrigón, desnudo y de dos años ha salido corriendo afuera del cuartito de hule donde vive en el asentamiento sin papeles llamado 28 de Abril, en el barrio Ferroviario de Villa Montes. Al lado vive la dirigente Marylin Castillo (25), que explica cómo la sequía golpea a algunos vecindarios, donde tampoco llega el alcantarillado, ni el gas domiciliario y donde el agua se recibe de unos cisternas que la Alcaldía carga de un pozo de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (Epsas) Manchaco.

Historias como estas se viven a diario en dos de las tres ricas ciudades de la provincia Gran Chaco (Tarija), que junto con Caraparí y gracias a las regalías del gas, cerrarán el año con un ingreso de casi Bs 2.500 millones (si se suman los recursos de las tres alcaldías y ejecutivos seccionales) destinados a atender las necesidades de 150.000 habitantes, según el censo 2012.

Pese a los millones, equiparables con los ingresos del Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra (donde hay 10 veces más habitantes que en Gran Chaco), la precariedad y la violencia amenazan a esta región bendita por el gas.

Los cisternas de Villa Montes

Al llegar, las caras risueñas del alcalde Robert Camacho y del ejecutivo seccional, Rubén Vaca, lucen estampadas en vallas publicitarias que exhiben las obras de infraestructura que han hecho: pavimento y caminos.

A los costados de la avenida Montenegro aparecen los turriles donde las familias reciben el agua que a sus casas ya no llega por las cañerías de Epsas. La presión baja justo en los días en que el sol achicharra Villa Montes a más de 40 grados.

Felicia Rodríguez (34), madre de cinco niños que juegan descalzos con un perro raquítico, espera con sus dos turriles al camión cisterna de agua. Es el asentamiento 2 de Octubre del barrio Ferroviario, donde hay seis piletas para 42 familias.

“Ocho de los 13 barrios de Villa Montes sufren racionamiento”, admite Camacho, que reconoce problemas con algunos servicios básicos, el más urgente es el desabastecimiento de agua. Por la emergencia, decidió asumir el control de Epsas hasta fin de año, dado que su presupuesto municipal de Bs 322 millones se lo permite, como le permitió invertir en colegios, mercados y pavimento, traer artistas internacionales como Marco Antonio Solís o hasta pensar en comprar 140 cámaras de vigilancia policial y un helicóptero no tripulado de patrullaje.

El plan de intervención de Epsas espanta a Luis Fernando Rivera, gerente general de la institución que administra el servicio de agua, pues ve que afectará al proyecto de dotación de agua para el Chaco que se inició con donaciones de la cooperación alemana.

La plaza de Villa Montes está en tinieblas. No hay luz en plena ágora del centro, porque hay días en que se raciona la electricidad. Allí Vaca, el ejecutivo seccional que administra Bs 400 millones, no supo explicar las causas del racionamiento, y sobre el desabastecimiento de agua asegura que es producto de la falta de planificación del alcalde. “En la Alcaldía se confunde ‘modernización’, que son las obras, el cemento, con desarrollo, que proviene de las políticas y la productividad”, opina. Camacho dice que la administración de Vaca no lo ha apoyado mucho. Rivera dice que ambos no coordinan.

Narcos y sicarios

La seguridad es otro tema pendiente. Rodolfo Méndez, presidente del barrio Andaluz de Yacuiba, cerca de la frontera con Argentina, está preocupado porque hace unos días unos pistoleros tirotearon en San José de Pocitos a la esposa de un juez en su casa. En otro punto, una vecina del barrio La Chaqueñita, al borde de la quebrada internacional que separa del territorio argentino, dice que en su vecindario mucha gente es ‘mula’ de narcotraficantes que trasiegan droga hacia Salvador Mazza.

Y eso no es un misterio ni para la Policía ni para la Alcaldía. Carlos Bru, alcalde de Yacuiba, dice que la frontera le impuso al pueblo un ritmo infernal, con contrabandistas, narcotraficantes y sicarios. 

“Tenemos problemas importados y tienen que ver con narcotráfico, trata de personas, hasta el ‘sicariato’ y los ajustes de cuentas”, admite el munícipe, que administra casi la mitad de los Bs 1.200 millones que perciben el municipio y la primera sección de Gran Chaco.

El alcalde cree que ahora hay un ‘armisticio’ entre bandas de narcotráfico porque hace meses que no él no oye de crímenes violentos, de modo que asegura que se camina tranquilo por su ciudad, aunque algunos vecinos no opinan lo mismo. Hay dos vínculos más o menos controlados entre Bolivia y Argentina en esta zona: el puente Internacional, donde hay un mercado persa y están los servicios de migración; y un paso de rieles donde hay basurales en el lado boliviano, que el alcalde atribuye a los comerciantes. Allí están las zonas bravas, donde Bru dice que es mala idea ir, donde se ve patrullar a los ‘leopardos’ de Umopar hasta en los colegios.

CONTRASTE

Mercados, colegios, plazas

Las principales inversiones de las comunas de Villa Montes y Yacuiba se concentran en infraestructura, pavimento, mercados, plazas y colegios.

Retratos de EVO

Brú  (foto) y Camacho tienen agrupación ciudadana propia, pero mantienen buena relación con el presidente de quien lucen un retrato en sus despachos.

Artistas internacionales

Yacuiba trajo a Cristian Castro, Agapornis y La Mosca.

El Deber

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