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El empleo de extranjeros en gas tensiona el Chaco

En Yacuiba (Tarija), los empleos son la causa de la felicidad pero también de conflictos que quitan el sueño a mucha gente. El gas que está almacenado bajo los pies de los chaqueños es un imán que atrajo a una comunidad de migrantes que no solo bajaron del altiplano boliviano, sino que también cruzaron los mares para hacerse de un puesto de trabajo. 
El empleo de extranjeros en gas tensiona el Chaco

La ciudad despierta antes de que salga el sol con su comercio vibrante. Pero a cinco kilómetros del centro urbano, a las 6:00  también despierta uno de los lugares que desde julio de 2012 concentra la mayor generación de mano de obra. En la planta separadora de líquidos que se construye bajo las órdenes de YPFB y del Gobierno nacional, más de 3.500 seres humanos se ganan la vida, ya sea utilizando su fuerza bruta o sus capacidades de mano de obra especializada.

El conflicto

Tras que se supo que se iba a construir la planta, surgió el interés de las familias yacuibeñas por conseguir una tajada de empleo. Para no luchar por cuenta propia, se crearon cinco asociaciones de desocupados bajo un único fin: demandar puestos de trabajo para los hombres y mujeres que viven en la zona urbana, pero también para los que moran en por lo menos seis comunidades que están alrededor de las 76 hectáreas donde se levanta la monumental obra.

“El ejecutivo seccional, el municipio, el Comité Cívico, las asociaciones de desocupados conformaron una promotora de empleos para garantizar la ocupación a la gente del lugar. Pero lamentablemente hasta el momento solo se ha conseguido eso a través de la presión y con bloqueos”, dice Héctor Javier Crespo Pimentel, el presidente de una de las asociaciones de desempleados, que con una voz firme asegura que los dirigentes que luchan por la gente que no tiene trabajo quedan estigmatizados y a ellos se les cierran las puertas laborales. “Yo tengo varios cursos de especialización que me hacen competente, pero porque soy dirigente me han negado el trabajo”, se quejó Crespo.

El dirigente afirma que las  cinco asociaciones aglutinan a 4.000 desempleados y que solo han logrado colocar a 800 personas en las fuentes laborales de la planta separadora de líquidos. Lamenta que haya más de 2.000 migrantes del interior y del exterior del país que hayan sido tomados por encima de los locales.

Pero al otro lado de la verdad está Juan Aguirre Castro, el relacionista comunitario de la planta separadora de líquidos que trabaja para YPFB. Con su casco de seguridad en la cabeza, tiene otra historia para contar: Dice, por ejemplo, que actualmente se ha empleado a 3.500 funcionarios y que el 85% está conformado por personas de la región chaqueña y algunos llegados del interior del país, mientras que solo el 15% corresponde a gente extranjera, tal como lo exigen las leyes laborales de Bolivia.

Aguirre revela que existen 210 chinos y otros ciudadanos llegados de la India, de Argentina, de España, de Holanda, de EEUU, de Venezuela y de Centroamérica.

“Desde un comienzo hemos entrado en una directa relación con las asociaciones de desocupados, con las seis comunidades que están cerca de la planta, con la Asamblea del Pueblo Guaraní, con la Federación de Campesinos, con la Gobernación y la Alcaldía de Yacuiba. Con ellas se creó un mecanismo para contratar personal”, explica Aguirre, que no oculta que desde que iniciaron los trabajos, se han tenido serios conflictos con algunas de esas instancias y que hasta ahora siguen demandando trabajo. “No hemos cumplido sus demandas en un ciento por ciento porque no podemos contactar a más personal, estamos entrando al pico más alto y después va a descender el número de personal, por lo menos a la mitad, puesto que la planta será terminada hasta fin de año, según los planes.

Aguirre puntualiza que los funcionarios que provienen de comunidades indígenas están haciendo trabajos como encofradores y albañiles, y que los extranjeros fueron traídos porque se los necesita como mano de obra especializada.

La alcaldesa interina de la Alcaldía de Yacuiba, Karina Díaz, conoce de cerca los conflictos surgidos a raíz de la contratación y demanda de mano de obra. Dijo que para buscar una solución se ha procedido a capacitar a los desocupados en áreas relacionadas con la actividad hidrocarburífera o labores que se requieren en la construcción de la obra.

Si bien no hay estadísticas que revelan la fuerza migratoria en Yacuiba, Díaz afirma que la fuerza de ese fenómeno se ve en la creación de nuevos barrios y en la conformación de comunidades cercanas a la urbe, que en los últimos años han superado el número de 20.

Las comunidades

El Chaqueñito es uno de los barrios recientemente creados, que está a menos de 200 metros de la laguna de oxidación. Ahí vive Fabio, un hombre de no más de 40 años, que recuerda que asistió a los cursos de primeros auxilios, de seguridad industrial y de manejo defensivo que patrocinaron las autoridades del municipio, con el fin de que se preparen para un posible trabajo en la planta.
“Pero nunca pude ingresar por más certificados que presenté”, dice este hombre que no quiere dar su apellido para que no se lo estigmatice como problemático.

Cecilia López tiene 70 años de edad y una gallina que agarra de sus patas con su mano izquierda. “Es un animal de descarte que lo compré en Bs 10”, cuenta y explica que se trata de un animal que ya cumplió con su vida útil de poner huevos y por eso lo venden a ‘precio de gallina muerta’. Doña Cecilia cree que la esperanza de mejores días está puesta en los empleos que genera el gas.
En la obra existe un movimiento intenso: camiones de alto tonelaje metiendo maquinaria pesada y desde la portería se puede ver una grúa de 80 metros de alto, que tiene capacidad para levantar 1.600 toneladas. Es una de las herramientas mimadas manejada por trabajadores belgas, porque como ella solo existen tres en el mundo y esta proviene de Chernóbil. Una vez termine su labor en Yacuiba, viajará a Canadá, donde la esperan con trabajo seguro.

Una mujer que labora en la obra dice que los chinos están aprendiendo a hablar castellano. “Afuera de la planta las relaciones sociales no son muy fuertes con los lugareños”, sostiene Aguirre, puesto que el trabajo,por ejemplo, empieza las 6:00 y termina a las 19:00, y todos van a la cama a renovar sus fuerzas.

La importancia económica laboral tiene sus efectos en la ciudad. Según Aguirre, cada mes se introduce a la economía de Yacuiba entre $us 3 millones y $us 4 millones por concepto de sueldos, servicios de comedores, alquiler de volquetas, camionetas y micros. Fruto de este proyecto 11 empresas de cáterin se encargan de la alimentación de los 3.500 trabajadores.

La comunidad de San Isidro fue uno de los que empezó a demandar empleo para 180 personas a través de la creación de una asociación de desempleados y ahora es el referente de la lucha por días mejores.

El Deber

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