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La sombra del Sida se expande con fuerza desde el año 2007 en Tarija

Sergio M. (34) es activista a favor de la prevención de las  Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) en Tarija, le cuenta a El País que desde que se unió a la comunidad gay solía participar en campañas de prevención. Un día se enteró que contrajo una enfermedad que cambiaría su vida, pues le informaron que es portador del Virus de Inmunodeficiencia Humano o VIH. 

Cuando Sergio se enteró que tenía esta enfermedad pensó que se iba a morir; sin embargo desechó esos pensamientos y decidió tratar su enfermedad.

Pasados dos años de recibir la noticia y apoyado por su mejor amigo sintió la necesidad de contarle a su hermano acerca de su estado de salud y de su preferencia sexual, recuerda que hubo muchas lágrimas, no sólo de su hermano, sino también de su madre y de sus demás hermanos quienes escucharon la conversación por simple coincidencia. Pero más allá del dolor que inundó la sala, la familia llenó el lugar con su gran apoyo.

Empero, Sergio no es la única persona que sufre esta enfermedad según el Jefe del programa departamental ITS-VIH-SIDA, Carlos Romero, existen alrededor de 250 pacientes con VIH en Tarija. Hasta lo que va del año se diagnosticaron 20 personas, “cada año diagnostican entre 30 a 40 casos”, revela Romero.

Afirma también que el número de pacientes crece de forma sostenida en el Departamento desde el año 2007, explica que esto también puede deberse a que ahora hay métodos más efectivos para la detección de la enfermedad pero agrega además que el aumento de casos se relaciona con la cantidad de población de las ciudades.

Romero explica que cuando la epidemia del VIH-Sida comenzó existían dos poblaciones específicas   portadoras del virus, éstas eran los homosexuales y los drogodependientes. Sin embargo, al pasar los años esta figura cambió en Tarija; puesto que el 80 por ciento de los casos provienen de personas heterosexuales.

La detección y el tratamiento
de la enfermedad

El programa departamental ITS-VIH-SIDA trabaja bajo tres pilares fundamentales; de acuerdo con su director estos son: Prevención, Diagnóstico y Tratamiento. Romero explica que debido a que es una enfermedad que no tiene cura ni vacuna se concentran en la parte preventiva y el diagnóstico.
Empero, el tratamiento psicológico es fundamental, sobre todo cuando la prueba es positiva. “Cuando la prueba sale negativa la consejería le dice básicamente que no tiene el virus, entonces a la persona se le aconseja aprovechar esta oportunidad de no haber contraído el virus y mejorar su conducta. Pero cuando la cosa es positiva la cosa cambia”, cuenta Romero.
El examen de VIH-Sida posee un asesoramiento psicológico para evitar que las personas se atemoricen, si bien es una enfermedad que no tiene cura permite al portador realizar una vida plena;  sin embargo las personas sexualmente activas poseen cierto temor de realizarse la prueba.
La psicóloga del programa ITS-VIH-SIDA, Luisa Gonzales, asegura que se hace un asesoramiento psicológico antes de la prueba, con el objetivo de medir el riesgo que tiene la persona de contraer VIH. Gonzales explica que  las personas que no tienen una vida sexual activa poseen un bajo riesgo de contraer la enfermedad.
Por otra parte, las personas que poseen una pareja estable se encuentran en una situación de mediano riesgo debido a que una persona nunca puede saber con certeza la fidelidad de su pareja, empero, las personas con una vida sexualmente activa y sin pareja estable son las que mayor riego presentan.
Explica que cuando los resultados de la prueba son positivos, es decir son reactivos, se debe a que se tiene una infección provocada por algún virus común o las personas estuvieron expuestas al virus de VIH, por ese motivo las muestras de sangre obtenidas en los laboratorios del programa ITS-VIH-SIDA son llevadas a Inlasa (Institutos de Laboratorios de Salud) en la ciudad de La Paz informa Gonzales.
Cuando los resultados de Inlasa del paciente son confirmados, es decir son portadores del VIH, se comienza con una terapia, debido a que la mayoría de los pacientes se desmoronan emocionalmente “a veces piensan que es una condena a muerte, hasta pueden cometer un suicidio u homicidio contra la persona que piensan que le ha infectado”, explica Gonzales.

Una vida plena
Sergio M. Se levanta todas las mañanas, desayuna, va al trabajo, almuerza, descansa, sale a fiestas, comparte una trago con sus amigos y vuelva a su hogar, hace 11 años que tiene VIH.
Cuando su familia se enteró por casualidad de que estaba enfermo le brindó apoyo incondicional, su padre con quien no tuvo buena relación en su adolescencia al enterarse de su condición tuvo una fuerte unión con él y se volvieron más cercanos. “Te vas dando cuenta tú mismo que esto es una experiencia más que te llega en la vida, no es algo malo, es para que aprendas de las cosas buenas y malas de esta vida”, dice Sergio.
Comenta que nunca sintió discriminación alguna por ser homosexual; sin embargo recuerda que una vez en una clínica de cirugía plástica se sintió discriminado, puesto que el doctor no lo quería operar, esto debido a que en ese lugar no tenían suficiente información sobre personas que poseen VIH.
Ahora asiste una vez al mes a un grupo de apoyo conformado por personas de distintas edades y sexo, colabora con sus experiencias a quienes recién se enteraron que padecen de VIH, los ayuda y demuestra que tener esa enfermedad no significa el fin del mundo.
A esta altura, su enfermedad no le impidió ser libre, salir a caminar, tener pareja y sonreír. Para Sergio el VIH es una enfermedad que debes tratarla psicológicamente, pensar en ella no ayuda. Una buena arma para combatirla es la felicidad.

El temor a la prueba del VIH en carne propia
En la tarea de hacer este reportaje como periodista y persona ingresé al consultorio de Luisa Gonzales, psicóloga del programa de VIH, dispuesto a realizarme un examen que nunca antes lo había hecho. La psicóloga que también es bioquímica me miró fijamente por unos segundos y me preguntó mi nombre para anotarlo en un cuaderno tamaño oficio.
Me aclaró que el asesoramiento psicológico previo a la prueba de VIH es un asunto confidencial entre la psicóloga y el paciente (y ahora usted lector). Me animó a hablarme con confianza y comenzaron las preguntas.
Luisa Gonzales (LG). Quiero que usted diga ¿qué lo ha motivado para venir acá para hacerse la prueba del VIH?
Roberto Barriga (RB). (Pensé un poco) Lo que me ha motivado es mi trabajo y además soy una persona sexualmente activa hace años y nunca me hice la prueba del VIH.
LG. Le tengo que hacer unas preguntas para medir la situación de riesgo en que se encuentra
LG. ¿Tiene una pareja estable?
RB. No tengo
LG.- ¿Tiene relaciones sexuales con parejas casuales?
RB. Sí
LG. ¿Usted utiliza condón con esas parejas casuales?
RB. Uy muchas veces no.
LG. Entonces solamente utiliza...
RB. A veces, cuando se da el momento...
Luego de muchas preguntas acerca de mi vida sexual, un largo debate sobre los riesgos de contagiarse enfermedades sexuales, una reflexión acerca de los riesgos de contraer VIH, inclusive una propuesta de utilizar una muñeca inflable con el fin de no poner en riesgo mi salud fueron algunos de los consejos y reflexiones.
Luisa anotó en una boleta un código que salió de mi nombre y fecha de nacimiento, dicha boleta era la petición para realizarme la prueba de VIH en los laboratorios del programa, después de firmar un documento llamado “un consentimiento informado”, donde anoté mis datos personales y un acuerdo de confidencialidad, me dirigí con la doctora, hacia los laboratorios ubicados a unos cuantos metros de su consultorio.
Esperé diez minutos, caminamos veinte pasos y entramos a un consultorio, donde esperaba otra doctora. Tenía una camilla negra, un escritorio blanco, fue hacia el escritorio, sacó un papel celeste que contenía pequeñas letras rojas que no podía leerlas.
Me senté en la silla de frente al escritorio donde había dejado posado el papel, la doctora del laboratorio se puso unos guantes de latex blancos, sacó unas agujas que poseían una amplia base de plástico azul, tomó mi mano derecha, separó mi dedo anular y lo pinchó en la parte superior y me dijo:
-“No salió sangre, tienes los dedos muy fríos” y le respondí que los tenía así a causa de los nervios, volvió a pinchar mi dedo anular con menos sutileza, lo apretó y la gota de sangre salió,  la llevó hacia el cuadrado pequeño del papel celeste, al haberlo empapado totalmente con mi sangre, colocó unas gotas de solución salina encima de la muestra y me dijo que había que esperar 15 minutos.
Me comentó que esta prueba se la denomina “la prueba rápida”, es como un test de embarazo, pues en los rectángulos blancos deben aparecer rayitas, una raya significa que no es reactivo y dos rayas que si es reactivo.
Mientras conversaba con la doctora las ansias controlaron mi pierna derecha que no paraba de mover, la doctora dijo al fin “ya está” y mostró un atisbo de sonrisa que hacía más confusa la situación. En ese momento yo sólo veía fijamente las rayas.
Lo dijo al fin, “cuando los pacientes son reactivos las dos rayitas o franjas aparecen antes de los quince minutos y son bastante notorias, en el caso de mi prueba no se veía nada. Entonces pude soltar un respiro de alivio. Nunca algo negativo fue tan bien recibido.

El País

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