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La alarma para el Pilcomayo sonó en 2009, nadie hizo nada

Treinta mil metros cúbicos de desechos mineros salieron del dique de colas de la empresa minera Santiago Apóstol, de Potosí, hacia los afluentes del río Pilcomayo. Sin embargo, la exposición de metales en la cuenca no es una novedad, hace cinco años un informe advirtió sobre el problema.

Hace cinco años ya se advirtió la presencia de metales como arsénico, plomo, antimonio y hierro, entre otros. Hace cinco años ya se advirtió sobre la inestabilidad de los diques de colas, si éstos no recibían un tratamiento al cumplir sus siete años de vida útil. Hace más de 10 años, dos diques de colas colapsaron, en distintos tiempos, y contaminaron el Pilcomayo.

En 2009, la Asociación Sucrense de Ecología que forma parte de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (ASE-LIDEMA) realizó un estudio en la cuenca de Atocha-Cotagaita-Tumusla, comparó los monitoreos realizados en 2005 y 2008. El informe advirtió que existía contaminación con arsénico, plomo y antimonio.


Según un estudio realizado por LIDEMA, denominado “El sector minero: análisis crítico y problemática socio ambientales del megaproyecto Mutún, cuenca del Poopó, cuenca del Pilcomayo y megaproyecto San Cristóbal”, las instituciones públicas han realizado monitoreos periódicos a las aguas del Pilcomayo, sin embargo, los resultados no han sido dados a conocer de forma pública, persistiendo así la incertidumbre sobre el estado del afluente.

Hoy sí se conoce un informe oficial sobre la contaminación. Según el examen de laboratorio realizado por la Gobernación de Chuquisaca, se halló excesos de sodio, hierro, manganeso y cromo en las aguas del río Pilcomayo.

Eber Almendras, secretario General de la Gobernación, detalló que en el caso del sodio se halló un 175% de exceso, 166% de hierro, 200% de manganeso y 120% de exceso de cromo. Mientras que la turbiedad del río subió un 2045%.

Con esos datos, las autoridades de Chuquisaca pidieron a los comunarios evitar el consumo del agua proveniente del río Pilcomayo. Sin embargo, desde Villa Montes aseguran que esos residuos no llegaron al afluente general del Pilcomayo. Por ello piden a la población aledaña no preocuparse y seguir consumiendo el sábalo.

Contaminación minera, un hecho con historia


Pero la contaminación en el río trinacional podría venir de mucho antes, ya que no es la primera vez que se registra el colapso de un dique de colas.

En agosto de 1996 colapsó un dique de colas de la Compañía Minera del Sur (COMSUR), que pertenecía al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Se trataba del dique denominado Porco, que provocó un daño ambiental a 300 kilómetros río abajo, afectando así a 50 mil habitantes y distintas áreas de cultivo.

Por ese hecho, los dirigentes cívicos de Tarija de aquel tiempo realizaron una movilización y hasta conminaron a Gonzalo Sánchez de Lozada a bañarse en las contaminadas aguas del río Pilcomayo.
Además, en 2008, el dique San Bartolomé, del consorcio Coeur Dállene-Manquiri, sufrió un derrame de un ducto de colas, cuyos resultados no fueron dados a conocer públicamente. “Permaneciendo la incertidumbre sobre los daños ocasionados”, indica el informe del LIDEMA.

El responsable de la Organización no Gubernamental (ONG) Protección del Medio Ambiente Tarija
(PROMETA), Rodrigo Ayala, indicó que la contaminación en el Pilcomayo no es una novedad.
“Gran parte de la producción minera que hay en Potosí echa sus residuos en el río Pilcomayo”, recalcó. Ayala atribuye esa acción no sólo a las cooperativas pequeñas, también a las grandes empresas, como COMSUR, que era de propiedad del ex presidente emenerrista. “Finalmente todas terminan botando sus desechos al río, ya sea en pequeña escala o con este tipo de desastre, como es la rotura del dique”.

Ayala lamentó que no exista un monitoreo constante sobre el afluente internacional, que no existan políticas para que permanentemente se tomen muestras y se haga un estudio sobre la evolución de los niveles de contaminación. “Y sobre esa base se propongan acciones para evitar esta contaminación”.

La indiferencia de las autoridades


¿Cuál ha sido la respuesta a esa emergencia medio ambiental? El ministro de Minería y Metalurgia, César Navarro, admitió, a través de la Red Erbol, que no se hace control a los diques de cola de las empresas mineras que existen en el país. Traspasó esa responsabilidad a las gobernaciones.

“Hay que reconocer que cometemos el error de no hacer seguimiento a los múltiples diques de colas, a los concentrados que están tratando los ingenios, las colas que son vertidas y la capacidad que tienen los diques de colas. Por un lado, nos conformamos en que los ingenios tengan el dique de colas, pero no estamos haciendo la supervisión efectiva de la capacidad de almacenamiento del dique de colas y prever en el corto tiempo la construcción”, declaró.

Hay comunidades que desde 2011 denunciaron la contaminación a las aguas del Pilcomayo por parte de las empresas mineras, existe un informe del LIDEMA que data del 2009 y ahora hay un examen de laboratorio realizado por la Gobernación de Chuquisaca que advierte la presencia de metales en el agua. Pero al parecer, ello no ha sido suficiente para generar reacción en las autoridades departamentales.

El secretario de Medio Ambiente y Agua de la Gobernación, Mario Gareca, no ha querido hablar sobre el tema y sólo ha indicado que solicitará información a otros niveles nacionales.

El asambleísta del MAS, Luis Alfaro, a través del programa Fíjate Bien, restó importancia y credibilidad a los exámenes de laboratorio realizados por Chuquisaca, indicando que no cree que la contaminación del río Pilcomayo sea tan alta. De todas maneras, Alfaro integrará una comisión compuesta por 10 parlamentarios, y hará una inspección ocular en la zona donde ocurrió el desastre.

La Subgobernación de Villa Montes, dirigida por Rubén Vaca, al parecer está más preocupada por el consumo de pescado que por el bien de quienes usan el agua del Pilcomayo. A través de una nota indicaron que los residuos minerales sólo llegaron 5 kilómetros aguas abajo de la microcuenca y no directamente al lecho del río Pilcomayo. Por ello se pide no alarmar a la población y seguir consumiendo el sábalo.

También existen contradicciones que aparentemente tratan de restar importancia a la contaminación. A través de la Red Erbol, el ministro de Medio Ambiente y Aguas, José Zamora, explicó que el vertido de residuos mineros de la empresa Apóstol Santiago afectó sólo hasta 5 kilómetros, cuando el río Pilcomayo está a 100 kilómetros del lugar en que se registró el sifonamiento.

Sin embargo, el gobernador de Potosí, Félix Gonzales, aseguró que el efecto de este derrame sí alcanzó la corriente que llega a Argentina y Paraguay. ¿Quién dice la verdad? Queda la duda.

30 cooperativas trabajan cerca del Pilcomayo

Pero el daño por los residuos minerales podría ser mayor. Según el estudio del LIDEMA, la actividad minera es mayor en la cuenca alta del río Pilcomayo, en Atocha-Tumusla, donde se explotan yacimientos de plomo, zinc y plata.

Se estima que más de 30 cooperativas operan en la cuenca superior del afluente, que extraen entre 1.300 y 1.800 toneladas de material por día. El mineral extraído es procesado en 42 ingenios, un 40% de éstas no están registradas en la Asociación de Ingenios.

Los ingenios que forman parte de la Asociación depositan sus colas en el dique San Antonio, el resto, ese 40%, vierte sus aguas residuales directamente a los afluentes que forman parte del Pilcomayo.

Pero los diques de colas tampoco son una garantía, no mientras no reciben un adecuado tratamiento. El dique San Antonio, por ejemplo, retiene los desechos de la extracción minera, pero no cuenta con una planta de tratamiento de aguas. Además, se advirtió que su vida útil fenecerá en 2015.

Según el Consejo de Defensa del Río Pilcomayo (Coderip) en la cuenca alta del río funcionan seis diques de colas, pero éstos sólo retienen la parte sólida de los desechos minerales que son echados al río. Sin embargo, la contaminación por los metales disueltos, cadmio y arsénico, continúan afectando al río por la ausencia de una planta de tratamiento.

El Pilcomayo está dañado y ahora no sólo por la sedimentación que desde el 2012 golpea al afluente, sino también por los residuos minerales que han enturbiado y contaminado sus aguas. Pero para las autoridades, nacionales y locales, al parecer ese aspecto no cuenta.

Y como en 1996 se le preguntó a Gonzalo Sánchez de Lozada, ahora es la consulta: ¿se bañaría Luis Alfaro en las aguas del río Pilcomayo? ¿Incluirá Rubén Vaca en su menú semanal un sábalo del Pilcomayo?

El Nacional

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