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Tarija, la última frontera del “sueño argentino” senegalés

Mal día para pasar desapercibidos. Nino los vio, Adriana también, y los varios centenares de transportistas, gremiales y turistas que llevaban cinco días varados esperando a que los cañeros bermejeños levantaran el bloqueo fronterizo lo mismo. Cuatro hombres, altos como un pino y negros como el carbón, aparecían y desaparecían por horas. Sentados a la sombra a orillas del río Bermejo, caminando despacio por la avenida Barrientos, en un silencio desconcertado.

Los del 17 de mayo son sólo cuatro más en una larga lista. En 2013 sumaron 149 emigrantes “irregulares” identificados en la frontera. 40 hasta agosto, 109 de entonces hasta diciembre. Todos con pasaporte “nuevito” expedido en Dakar (Senegal) y con un sello: el de ingreso en Guayaquil (Ecuador) su única pista en el continente andino.

Casualidades o no, el número de indocumentados identificados ha aumentado a partir del cambio en la dirección Distrital de Migración en Tarija, lo que permite catalogar el corredor Tarija – Salta como una de las principales rutas del tráfico humano en Sudamérica. Hasta la fecha, apenas hay una persona que está siendo investigada como parte de esta red mientras que la porosa frontera tarijeña sigue desnudando la vulnerabilidad institucional.

María Lourdes Aldana asumió las funciones en agosto y destapó un pequeño nido de buitres. Seis funcionarios siguen procesados por “pequeños” actos de corrupción – corrupta al fin. El caso de los senegaleses es diferente, o igual también al fin, aunque en otra escala.

Migración, Interpol y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB) no tienen ninguna duda. “Todo indica que es trata de personas”, señala Aldana, algo que refrenda la presidenta de la APDHB, Yolanda Herrera, al tiempo de lamentar que a pesar de lo dispuesto en la Constitución y en la Ley 370 y de la propia tradición migrante boliviana, las autoridades de la materia trabajan desde la coerción y la criminalización, lo que de alguna manera fomenta la creación de redes delincuenciales y la revictimización.

Organizados y cohesionados = víctimas de la trata 

Para Herrera, las causas de esta emigración hay que buscarla en las “pésimas” condiciones de un país empobrecido, como tantos en África, por lo que no se puede omitir que estas personas “son víctimas de los tratantes”.

“De acuerdo a la información que hemos podido obtener, es alrededor de 10.000 y 15.000 dólares lo que cuesta el viaje que están realizando estos jóvenes, ingresando por el Ecuador y luego viniendo hacia Bolivia pasando por Perú, entonces evidentemente es un negocio solamente el trasladar y luego dejar a la suerte a estas personas”, advierte Herrera.

Aldana tiene datos fehacientes, producto de la interacción en los diferentes operativos. Los grupos, siempre conformados por cuatro o cinco personas, “nunca hemos visto a uno o dos solos”, están altamente organizados. “Uno sólo es el que tiene los pasaportes y los grupos son homogéneos: son primos o de la misma comunidad, algunos ni hablan el francés, hablan el dialecto woloof. El líder si habla francés. Están juntos, se cuidan juntos, van todos juntos y así”.

Los grupos portan una especie de mapa desde Guayaquil a Buenos Aires, donde se indican los diferentes pasos fronterizos y teléfonos de contacto en diferentes lugares. “Tigo, tigo” espetan a quien se les acerca en sus últimas horas en Bermejo. Al otro lado del teléfono, alguien dará instrucciones para lograr el último de los objetivos, ingresar en el territorio argentino.

“En una ocasión, hicimos seguimiento de un grupo que venía por tierra y llegó a la estación de buses. Tal como llegaron un taxi ya les estaba esperando”, señala Aldana.

A pesar de las evidencias, sólo hay una persona que está siendo investigada por la trata y tráfico de personas senegalesas. Se trata de un ciudadano nigeriano que habita en Bermejo desde hace más de 30 años, que fue aprehendido en compañía de cuatro senegaleses de entre 23 y 28 años el 28 de mayo de 2013. Hasta la fecha, ni la fiscalía ni la Asamblea Permanente de Derechos Humanos ha logrado que la investigación avance, mientras él, que defiende su inocencia, no atiende a la prensa.

Debilidad institucional

Las redes internacionales de tráfico de personas han encontrado un “nuevo uso” a la ruta ya abierta por el narcotráfico sobre la línea de la cordillera andina con destino a Buenos Aires y posteriormente a Europa, Rusia y Oriente Próximo.

“En Bolivia han encontrado que nuestra institucionalidad es débil y por ello es que les es relativamente fácil, porque Bolivia no es país de destino, es de tránsito. Está habiendo problemas estructurales en los países y por eso se aprovechan de las debilidades institucionales”, asevera Herrera.

En la práctica, la directora de Migración, Lourdes Aldana, explica como la carencia de medios impide hacer un trabajo en este sentido. “Nosotros no tenemos tampoco la capacidad de irlos a buscar (a Bermejo), a recoger, traerlos… eso nos supone un costo como institución. Entonces nos apoyamos a veces con Interpol o los mandamos en vehículo público, con la recomendación al chofer. Aunque una vez los esperamos en la Terminal, pero se habían bajado antes, en la tranca de El Portillo, lo convencieron al chofer de que necesitaban ir al baño y se bajaron y se escaparon. Entonces tuvimos que mandar a la patrulla de Interpol, encontrarlos y mandarlos vía Desaguadero, por donde entraron”.
La porosidad de las fronteras es una constante en el territorio, ya desde el paso por Huaquillas (Ecuador) – Aguas Verdes (Perú) por donde se supone que llegan hasta Desaguadero y de ahí a Bermejo – Aguas Blancas, sin recibir un solo sello en el pasaporte.

El “pin pon” de la frontera

Qué hacer con estos seres humanos una vez detectados es otro de los “problemas”, especialmente desde que en Argentina se han puesto más estrictos y devuelven indefectiblemente a todos los indocumentados africanos que llegan a la frontera.

Una testigo de lo que pasó en el puesto migratorio de Aguas Blancas (Argentina) con los cuatro senegaleses el fin de semana del bloqueo en Bermejo (17 y 18 de mayo) lo explica de la siguiente manera. “Ellos creían que con pagar ya podían entrar, pero no es así, así que los devolvieron (a Bolivia) por los gomones. Al día siguiente estaban apostados en el río porque nadie podía ir ni volver de Bermejo, al otro día ya no estaban”.

Pocos creen en la magia en la capital del triángulo sud, acostumbrados desde siempre al contrabando con Argentina y más recientemente, a ser una de las fronteras calientes del narcotráfico en Latinoamérica. Nadie duda tampoco de que todos los ciudadanos senegaleses que se lo proponen lleguen a su destino.

Aldana explica que el procedimiento les obliga a devolverlos a la frontera de Desaguadero (La Paz) por donde entraron, pero dudan de que sirva de algo. “Una vez, a la semana volvimos a detener en Caraparí a uno de los que enviamos a Desaguadero”, afirma Aldana.

“No son delincuentes”

“En algunos casos, la ley migratoria 370 es muy… basada en los pilares fundamentales de la Constitución, de ser solidario, recíproco, respeto a los DDHH… es un tantito flexible en ese sentido. Había por ejemplo enfermos, la característica de estos chicos es que no son delincuentes, son jóvenes, entre 20 y 30 años, fuertes, serviciales. Con ellos en ningún momento hemos tenido problemas.

Tienen muchas posibilidades de trabajar. Es así que en algunas ocasiones para darles la autorización de residir en el país por 30 días en algunos casos, en pocos casos… de acuerdo a las circunstancias, pero también hemos tenido que pese a darles regularizar los 30 días han querido pasar a la Argentina y no señor, la visa es boliviana y los devuelven, no los quieren en la Argentina, porque es una situación que escapa a algún control”.

Para Yolanda Herrera, el problema está en la concepción de la propia migración en Bolivia y en los países andinos, que a pesar de ser en muchos casos exportadores de seres humanos “se ha criminalizado mucho al migrante”.

En líneas generales, y a pesar de lo dispuesto en la Ley 370, “la actuación desde Migración y todas las instancias públicas del Estado sobre el tema migratorio es siempre sancionador, de persecución, no es en el ámbito de los derechos humanos”, lamenta Herrera. “Esto genera una situación favorable para las personas que hacen negocio con la necesidad de estas personas, porque al final están en el limbo. No tienen (el Estado) una posibilidad efectiva de buscar mejores alternativas o garantizar su retorno”.

Epicentro caliente

150 senegaleses identificados en la frontera de forma irregular es una cifra considerable, sin embargo, poco se ha modificado el protocolo o los controles en la frontera bermejeña. A modo de ejemplo, mientras la Aduana Nacional ya se ha integrado con su homólogo argentino y comparten dependencias en Aguas Blancas, Migración sigue manteniéndose aislada en un pequeño habitáculo en suelo boliviano.

La otrora “tranquila” Tarija se ha convertido hoy en el epicentro de varias rutas de tráfico ilegal tanto de drogas (cocaína de norte a sur, marihuana de este a oeste) como de personas, donde los ciudadanos senegaleses constituyen una “anécdota” que suma a otros casos de trata más sangrientos, como el de la prostitución que ya ha empezado a utilizar la ruta tanto de ida a Buenos Aires como de vuelta a Santa Cruz, ante una pasividad generalizada de las autoridades.

El Nacional

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