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Caída del peso frena la tradición migratoria de Tarija a Argentina

A menudo en esta época todas las comunidades tarijeñas son afectadas por desastres naturales como heladas, sequías, granizo e inundaciones. Las sequías son frecuentes y son más comunes en las comunidades de Colón Norte y Concepción.

Cuando los agricultores enfrentan estos desastres naturales son forzados a buscar medios de subsistencia alternativos, lo que para muchos significa la emigración a otros países vecinos. En Tarija, emigrar hacia Argentina es una tradición de muchos años; sin embargo la caída del peso ha hecho que las emigraciones en 2014 reduzcan en 40 por ciento a comparación del porcentaje de migración dado en la historia.

De acuerdo a la directora de Migraciones de Tarija, Lourdes Aldana, desde el año pasado, la emigración ha bajado considerablemente. “Es más, se ha comprobado que el mayor flujo de ingreso de bolivianos proviene del vecino país”, explicó.
Añadió que no sólo están retornando los emigrantes de Argentina sino también los de España y los de otros países. Para Aldana esto se debe a los cambios monetarios o a la crisis económica que se vive en Europa.
“Hemos tenido muchos trámites de niños argentinos por parte de padres bolivianos”, agregó Aldana, quien asegura que el tener 15 trámites por mes para que los niños adquieran la nacionalidad boliviana es también un indicador de que los emigrantes están regresando. Sin embargo, más allá de la crisis argentina, analistas consultados, aseguran que en cuanto la economía del país vecino mejore, la tradición migratoria se reactivará.
Durante todos los años trabajados, Migraciones identificó que la época en la que salen los tarijeños en busca de trabajo a la Argentina es en invierno, concretamente en los meses de junio y julio. Esto, según Migraciones, se debe a que en estos meses en Bolivia “no hay fuentes laborales y no hay una buena cosecha”.
También determinó que la tradición migratoria es más fuerte en el Valle Central de Tarija, Pampa Redonda, Churquis y otras comunidades que quedan desiertas por la migración. Pues, algunos bolivianos viajan a Argentina siguiendo las cosechas de norte a sur. “En Argentina los trabajos se están diversificando, ofreciendo al inmigrado una gran variedad de oportunidades y mayor libertad de elegir”, destacó Aldana.

La tradición migratoria
Según un estudio publicado en el libro: “Historia, ambiente y sociedad en Tarija”, escrito por Stephan Beck, Narel Paniagua y David Prestón, tradicionalmente la mayor parte de la emigración a Bermejo y al norte de Argentina era estacional, solamente por seis o siete meses de cosechas; sin embargo, en los años 90 un número de emigrantes cada vez más grande se comenzó a quedar por más tiempo a alquilar la tierra y decidieron establecerse allí.
El estudio sostiene que las razones de la tradición migratoria fueron la mejora de las comunicaciones y una mejor carretera que conecta a Tarija con Bermejo, ya que antes los emigrantes tenían que viajar a pie por las selvas (por lo menos una semana de camino). Otro factor que impulsó la migración en los últimos años fue la poca llegada de la riqueza hidrocarburífera hacia la gente más humilde.
Se cree que un punto crucial fue lo atractivo de los altos pagos argentinos, que aumentaron de una manera significativa después del cambio monetario de 1991 cuando el peso argentino fue puesto a la par del dólar norteamericano.
Por consiguiente, el trabajador agrícola en Argentina ganaba un promedio de diez dólares por día, mientras que el pago diario en las comunidades del Valle Camacho en Bolivia era de diez bolivianos, que equivale a dos dólares y medio. Empero, hubo un breve período de dos años (1988-89) cuando el pago argentino era mucho más bajo que el boliviano y muchos agricultores continuaron emigrando.
Esto, según el estudio citado, prueba que los pagos altos no son la única razón de la tradición migratoria a Argentina, evidenciando que las causas de la emigración son varias y complejas. Sin embargo, la mayor parte están centradas en la pobreza que no ha abandonado a las comunidades campesinas de Tarija a pesar de los abultados ingresos del gas.
De acuerdo a David Preston, uno de los autores del estudio, la emigración desde el Valle Camacho no es un fenómeno reciente, ya que el número de emigrantes aumentó con el pasar de los años hasta llegar al 2013, gestión en la que según Aldana comenzó la baja migratoria por la caída del peso argentino.
En el pasado el destino principal para los trabajadores emigrantes eran las plantaciones de azúcar y tabaco en el norte de Argentina. De acuerdo a datos históricos, las cosechas de caña de azúcar fueron importantes en el vecino país desde la primera mitad del siglo XX y las de Bermejo sólo desde 1963 (Clewer 1993). Se dice también que hasta 1954 viajar por trabajo a Argentina era más fácil que ir a algunas partes de Bolivia.
En los años noventa el ingenio de azúcar de Ledesma, en la provincia Jujuy, era uno de los mayores en Argentina con una producción de 300.000 toneladas de azúcar y 700.000 litros de alcohol, lo que significaba el 20 por ciento de la producción total de alcohol y azúcar de todo el país. Por eso, hay y hubo desde el siglo pasado, una alta demanda de mano de obra durante las zafras en el norte de Argentina y muchos padres y abuelos de los agricultores trabajaron estacionalmente allá por años.
Recientemente, sin embargo, se ha mecanizado mucho el trabajo en las plantaciones mayores, de manera que se requieren menos trabajadores. Aunque el trabajo es más ligero, los pagos son proporcionalmente bajos y los cosecheros se quejan de que el pago por tonelada no es controlado y dicen que por eso son mal pagados.
El joven migrante
A pesar de que la caída del peso argentino ha puesto un freno a la tradición migratoria, hay aún un gran porcentaje de tarijeños del campo que continúan migrando hacia el vecino país. Y es que los motivos son varios.
“Cuando los jóvenes rurales alcanzan el final de su adolescencia, casi todos van al menos una vez a Argentina, aunque sea por pocos meses, para ver cómo es”, afirmó el sociólogo Andrés Gutiérrez. Añadió que las mujeres jóvenes también emigran, aunque no como los hombres; pues tienden a buscar trabajo en el sector doméstico más que en el área agrícola.
Sin embargo, muchas mujeres jóvenes viajan con sus compañeros y por eso toman el mismo trabajo para quedarse con ellos. “A veces las muchachas acompañan a un grupo de familiares varones para cocinar y hacer las tareas domésticas”, detalló.
En otra situación, algunos de los jóvenes de apenas diez años parten para acompañar a su padre u otro familiar y trabajar bajo su guía y como su asistente. Desde los 16 años pueden empezar a trabajar independientemente como jornaleros, y es entre los 16 y los 20 años de edad, el periodo en el cual la mayoría tiende a dejar la comunidad.
La primera visita de los jóvenes emigrantes es usualmente por pocos meses, ya que se están adaptando a un ambiente diferente por primera vez lejos de su familia y de su casa. Si vuelven, la visita se extiende a seis o siete meses durante el período de las cosechas.
La mayoría se queda por lo menos hasta después de las festividades del Carnaval, en febrero. Estos meses de verano son demasiado calientes para quedarse a trabajar en el norte de Argentina (donde va la mayoría). Además, coincide con la estación húmeda, cuando se necesita ayuda en la casa para plantar los cultivos de verano. Durante estos meses las comunidades están llenas de gente con energía y cuando se completa la cosecha de maíz en mayo, ellos parten otra vez.

Causas de la migración
Según Beck, Paniagua y Prestón, la emigración siempre es la consecuencia de una serie de factores; uno de ellos es la influencia de los emigrantes que vuelven, ya que ésta es particularmente fuerte para los jóvenes. Gradualmente, el estilo de vestir de los migrantes cambia; por ejemplo, en vez de ojotas y pantalón de tela se ponen zapatos o zapatillas de deportes y jeans.
Durante las celebraciones locales, los jóvenes de la comunidad ven a los migrantes bien vestidos y a la moda. Muchos emigran entonces, inicialmente por curiosidad y por no quedar atrás, esto es alentado por relatos de cuán linda es la vida de los emigrantes.
Sin embargo, otro factor que los emigrantes revelan son las peleas familiares; en este marco la emigración les ofrecía un escape temporal a estos conflictos domésticos. Juan Carlos Tejerina, comunario de Paicho, sostiene que el ir a Argentina les proveía una oportunidad para ganar dinero, para ellos mismos y para su familia. Aunque quisieran quedarse en su comunidad afirma que es a menudo difícil por la falta de recursos.
“En Bolivia, incluso sembrando de manera abundante no da muchos beneficios porque no hay consumo, no hay mercado, no se vende. En cambio, Argentina tiene más salida. Aquí hay más futuro que allí. Aquí hay más trabajo”, dijo Luis Valencia desde Argentina.
Al mismo tiempo, que los jóvenes ganan dinero para satisfacer sus necesidades personales envían las remesas a sus casas o traen el dinero al final de la estación, para contribuir a las entradas familiares. Por eso, la emigración implica una paradoja: es el placer de escapar pero también la obligación de ayudar a la familia.

Los emigrantes ancianos
Aunque la mayoría de los emigrantes sean jóvenes, los jefes de hogar y familias enteras, por años, también migraron estacionalmente a la Argentina. Seguidamente, el padre de familia siguió migrando porque tenía un trabajo estacional fijo en las plantaciones de azúcar o tabaco.
Una vez que completó muchos años de servicio tuvo derecho a la pensión argentina. Este hecho fue atrayente, ya que nada semejante existe en la Bolivia rural.
El jefe de hogar a veces llevaba a su familia para evitar los seis meses de separación cada año, aunque en este caso él tendría que ganar un pago alto para cubrir los costos de transporte de su esposa e hijos.
Además, durante su ausencia tienen que pagar un cuidador para su casa, su tierra y sus animales en la comunidad de origen, o alguien con quien compartir la cosecha. Por eso, a pesar del dolor de la separación, muchos hombres emigraron solos y sus esposas o sus hijos más grandes asumieron la responsabilidad de velar por su subsistencia durante la ausencia del padre.
De acuerdo al estudio, también hay otros factores en la comunidad de origen que influencian la decisión de migrar.  La gente que no tiene tierra irrigada no puede producir ningún cultivo entre mayo y noviembre, y estos seis meses coinciden con el período de cosecha de la caña de azúcar en el norte de Argentina y en Bermejo.
Sin embargo, los emigrantes no se limitan a las personas sin tierra o a los con poca tierra o sin irrigación. Mucha gente que tiene bastante tierra que produce para el consumo familiar también emigra, y da otras razones para dejar las comunidades. Para la mayoría de la gente del campo la agricultura provee bastante para el consumo familiar, pero no permite un nivel de vida aceptable. Por eso, prefieren trabajar en Argentina.
El estudio concluye que entre las razones adicionales para la emigración a largo plazo, están la disponibilidad de mejores servicios públicos en Argentina, el mayor acceso a asistencia médica y educación en todas las áreas, donde los emigrantes trabajan.
Empero, aunque la crisis actual ha derivado en la caída del peso frente al boliviano y ha hecho una pausa en la tradición migratoria, la Argentina ha sido tradicionalmente un país receptor de población migrante boliviana y sobre todo tarijeña; de esta manera el sociólogo Andrés Gutiérrez asegura que la tradición migratoria hacia el país vecino no morirá fácilmente. “Los factores en juego son varios y dependerán también del buen manejo económico de los gobiernos y de que la riqueza del gas llegue al área rural”, concluyó.

Apuntes sobre el peso
El 23 de enero de 2014, el peso argentino sufrió una fuerte devaluación del 13,9% en dos días, un nivel que no se veía desde el año 2002. La medida fue adoptada por el Gobierno de Argentina con el fin de enviar una señal de confianza a los mercados.
El pasado nueve de noviembre el peso boliviano cotizaba a dos pesos con treinta centavos argentinos, es decir a un 130 por ciento más.
Hasta ayer un boliviano equivalía a 1,81 pesos argentinos.

Basado en un estudio publicado en: “Historia, ambiente y sociedad en Tarija, Bolivia”, escrito por Stephan Beck, Narel Paniagua y David Prestón

 Tipos de trabajo

Trabajador a contrato: muchos jóvenes rurales son contratados para trabajar en Argentina cuando están todavía en Bolivia. La gente que recluta viaja a las comunidades en busca de trabajadores jóvenes que estén dispuestos a trabajar. El contrato es estipulado en Bolivia y normalmente es por tres meses.

Administrador: los terratenientes argentinos tienen haciendas extensas y necesitan administradores para supervisar a los trabajadores y encargarse de las varias tareas durante su ausencia. En muchas instancias se ofrece esta posición más alta a los bolivianos que han trabajado en las haciendas y que demuestren ser trabajadores eficientes y confiables.

Cosecha compartida: Para compartir la cosecha, uno tiene que haber ganado una reputación de buen trabajador, inspirar confianza o tener contactos personales que lo recomienden. El dueño provee la tierra, las herramientas, el tractor, la semilla, los pesticidas y los fertilizantes, mientras que el que comparte la tierra, la trabaja y provee toda la labor manual necesaria.


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