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“Nunca imaginé que mi novio me compraba regalos con dinero de la droga”

Esta es la historia de Carla R., una joven yacuibeña que lucha por olvidar a su “amor”, Juan José G., con quien tuvo un largo noviazgo que terminó súbitamente cuando éste desapareció, supuestamente, en el intento de hacer pasar cocaína a la Argentina.
“Nunca imaginé que mi novio me compraba regalos con dinero de la droga”
Ella vivió una época de abundancia a su lado, sin saber que el dinero que gastaban provenía del narcotráfico, actividad a la que secretamente se dedicaba su novio.
“Quiero aclarar que yo nunca consumí ni hice negocios con drogas, y si me animo a contar mi historia es por que aún tengo la esperanza de que Jimmy (apodo de Juan José) esté vivo y pueda darme una señal de vida, para mí y para mi hija, que lo necesitamos y no pasamos un día sin pensar en dónde se encuentra”, dicho esto, y mientras seba un mate amargo, Carla, de 25 años, empieza un sorprendente relato, que detalla con una naturalidad elocuente.

Inicio de la relación
A sus 17 años de edad, por su exuberante figura, Carla fue elegida reina de una agrupación en el Carnaval de San José de Pocitos, sin imaginar que ahí empezaría su tortuosa historia de amor, dado que en una de las presentaciones que realizó junto a su comparsa, conoció de vista a Juan José, quien en ese entonces tenía aproximadamente 25 años y no la dejaba de mirar desde una mesa, mientras tomaba cerveza con unos acompañantes algo mayores que él.
Ese año Carla cursaba tercero medio (ahora quinto de secundaria), y como es común, conversaba sobre chicos con sus compañeras de curso; precisamente fue una de ellas que le contó que un joven estaba interesado y gustaba de ella, contándole además que ese pretendiente era de buena situación económica y andaba preguntando mucho, como tratando de llamar la atención de la joven.
A los pocos días, una amiga de Carla llegó nerviosa al colegio, y al llegar el recreo le entregó un celular, diciéndole que se lo mandaba un chico que estaba enamorado de ella. Al encenderlo, Carla encontró un fondo de pantalla en el que había un corazón, que tenia inscrito “C y J”, inmediatamente supo de quien se trataba. Ella era de condición social austera y se quedó con el teléfono al ser este de última generación.
Empezó a intercambiar mensajes con Juan José, con quien finalmente se encontró de nuevo cara a cara un día viernes, a la salida del colegio, cuando él desde su automóvil (Mitsubishi Lancer) la siguió rumbo a su casa a media marcha, tratando de entablar una conversación que terminó en una invitación para salir a alguna discoteca esa misma noche, lo que ella aceptó.
“Él era pulcro, se hacía las manos en el spa (manicura), siempre estaba con ropa limpia y su olor era de perfumes de marca, le gustaba mucho la plata, se compraba collares y manillas, que coleccionaba. Empezó a comprarme ropa y joyas de plata para que combine con lo que él usaba, creo, y como en las fiestas que íbamos siempre habían otras chicas lindas, yo también empecé a vestirme a la moda, era divertido ir de shopping una vez al mes a las tiendas de Santa Cruz”, relata Carla.

Primera sospecha
Los padres de Carla participaban en las charlas nocturnas que se realizaban en las aceras del barrio, donde los vecinos sacaban sus sillones para matear y hablar de todo. Allí, una noche uno de ellos vio que Juan José llegó en un auto de lujo para recoger a Carla, acto tras el que, en tono inocente, alguien le comentó al papá de la joven que “ese chico trabajaba con la blanca”, actividad de la que aseguró provenía todo su dinero. Inmediatamente el padre de Carla lo increpó aconsejándole que no sea un viejo metiche, a lo que su interlocutor sonrió advirtiéndole que mejor cuide a la hija por que “ese pelao” (joven) se la iba a llevar.
El padre le contó lo sucedido a Carla, que no aguantó la curiosidad y finalmente le preguntó a Juan José de dónde sacaba el dinero para mantenerse, a lo que él contestó con una mirada que ella jamás le vio, diciéndole que ese tema no le importaba a ella. Ante la insistencia, Juan José le dijo que la casa en la que vivía y todas sus cosas, eran una herencia que le dejó su padre fallecido y que su madre, al enviudar, lo abandonó por irse con otro hombre.

Llegan los dilemas
Carla era envidiada por sus amigas, recibía constantemente dinero que no podía gastar, lo compartía con su madre que era la encargada de las finanzas en casa, pero un día su padre se enteró, por lo que prohibió que se reciba en esa casa “cristiana” cualquier aporte de la muchacha, suponiendo que venía del novio. Ella estaba por terminar la promoción, y vio cómo la actitud de sus padres cambió hasta llegar un día en el que el padre y el novio se enfrentaron: era una madrugada en la que ella no logró escaparse de casa como siempre, siendo sorprendida por el papá con ropa de disco y los tacones en mano.
“Un día mi madre llorando me dijo que ya no aguantaba más y me contó lo que los vecinos hablaban, no lo creí, pero mi padre se enfermó grave y casi le da embolia, por lo que no asistió a mi acto de promoción, empecé a sentirme mal y culpable por lo que estaba pasando”, explica la joven.
Luego de salir bachiller, Carla se encontraba en un dilema, por un lado su familia que le pedía que decida qué carrera estudiar, y por otro lado su novio, con quien en una noche de tragos realizó una suerte de pacto, que la asustó de algún modo, pues él le hizo jurar que no lo dejaría y le sería “fiel hasta la muerte”; a cambio él la haría la mujer más feliz del mundo.
En la mente de Carla se fueron atando algunos cabos sueltos, empezó a ponerle atención a las actividades de su novio, con quien tenía una vida más que todo nocturna. A veces le perdía el rastro hasta por una semana, cada tres a cuatro meses, pero luego reaparecía contándole que había viajado a algún lugar del interior para traer mercadería que entregaba a los comercios de ropa fina. Ella notó movimientos y conversaciones sospechosas, además de amistades que eran de fama conocida en Yacuiba.

Relación obligada
Un día, luego de una fuerte discusión en casa por motivo de la relación, Carla decidió ponerle fin al noviazgo, y ahí fue que conoció una parte de Juan José que jamás antes había visto, pues él reaccionó violentamente, sin dejarle bajar del vehículo que condujo furibundamente hasta llegar a su casa, de donde sacó una pistola, con la que la apuntó y luego se apuntó el mismo, diciéndole que si se atrevía a dejarlo, él se mataría.
Sintiéndose obligada, jamás volvió a tocar el tema con su novio, que al día siguiente la invitó a cenar como si nada, llevándole un gran peluche. Pero las amigas de Carla tenían noticias, se enteraron por “chicas de la noche” que el novio era un narcotraficante, que además era violento y temido por haber participado en una balacera de una disco famosa de esa ciudad. Las mentiras de Juan José ya no funcionaban, y poco a poco ella les dio la razón a sus padres que juntando dinero de ahorros y jubilación, le propusieron elija una carrera y salga de Yacuiba para volverse profesional.

Escape y reencuentro
Sin decirle nada, un 2009, Carla dejó su tierra natal para venir a estudiar a Tarija la carrera de Arquitectura, por un año y medio no supo nada de Juan José. Incluso optó por usar redes sociales sin poner su nombre real ni foto, con el temor de ser ubicada. Todo ello no bastó, y un día de invierno, cuando llegaba al cuarto que alquilaba en inmediaciones del barrio La Pampa, sintió un escalofrío que recorrió su espalda a tal punto de que casi desmaya; Juan José estaba esperándola afuera de la casa, apoyado en un auto y conversando con un desconocido.
 “El me vio y pensé en escaparme, pero por miedo automáticamente continué caminado por la acera hasta tenerlo en frente, ahí su amigo subió al auto y me puse a llorar, él me dijo que me tranquilice y que no había venido a pelear, que pensaba en mí y jamás volvería a enamorarse. Yo lloré harto y no se por qué pero terminé pidiéndole perdón. Esa noche me propuso casarnos, irnos a vivir a otro lugar que no sea Yacuiba, entonces le respondí diciéndole que lo sabia todo, que él trabajaba con la blanca, él se sinceró y me dijo que sí, que había hecho pasar unos kilos por el monte a Argentina, pero que esos tiempos pasaron y ya había dejado todo eso, yo le creí y lo abracé”, explica Carla sin evitar sonreír mientras recuerda.

La desaparición
Juan José quería que ella fuera la madre de sus hijos, y sin dudarlo viajaba una vez al mes desde Yacuiba para quedarse con ella por algunos días. A los pocos meses, finalmente quedó embarazada, y antes de dar la noticia a sus padres, empezó a sentir la falta de llamadas telefónicas de su novio, que de un momento a otro dejó de comunicarse. Los meses pasaron y nadie sabía nada de él, tampoco sabía dónde preguntar, por lo que decidió viajar a Yacuiba en busca de una respuesta.

Búsqueda
Buscó a Juan José en su casa, donde encontró que había un cartel que decía “Se alquila”, llamó a ese número y le contestó una señora que le comentó que tampoco sabía nada del novio, y que más bien tenía que entregarle el dinero del anticrético para que desocupe los ambientes porque había otra familia interesada. La misma señora le dio a Carla un número de otras personas que eran garantes de Juan José; grande fue su sorpresa cuando al llamar se enteró de que se trataba de sus padres, que vivían en Camiri, donde tampoco había noticias de él desde hace muchos años. Persistió en las indagaciones, y finalmente unos amigos que él le presentó, le contaron que habían fuertes rumores de que Juan José había muerto en el intento de “hacer pasar una carga a Salvador Mazza”, dato que sembró en ella una tristeza que la dejó sin fuerzas.

La sombra
Actualmente Carla confiesa que su amor sigue vigente, pero también expresa que esta historia es “como una sombra” que la persigue en la vida, al no tener certeza de qué pasó realmente con el padre de su hija, que próximamente cumplirá tres años, a quien visita cada mes en Yacuiba ya que está decidida a salir profesional rápidamente. Las chicas lindas, según comenta Carla, se fijan mucho en los que tienen dinero, eso a su parecer pasa tanto en Yacuiba como en todos lados, por lo que al retornar allá ve cómo otras de sus conocidas terminaron involucrándose también con chicos de dudosa reputación, lo que según la joven se ha convertido en una suerte de fenómeno popular ya que “todas quieren ser la ‘corteja’ (novia) de alguien poderoso”.

El País

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