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Dolor, sudor y trabajo, el camino al éxito de Anatolio Díaz

Lo conocí allá por el 2006, en los pasillos de la Cámara de Diputados, nunca imaginé que años después nos reuniría su pasión por el canto y tampoco vislumbré la historia de vida que se escondía en ese paicheño que ahora es querido y conocido por las canciones que compuso y lo llevaron al éxito en Bolivia y Argentina. Alex Anatolio Díaz.

Dolor, sudor y trabajo, el camino al éxito de Anatolio Díaz
Infancia

Con voz pausada y serena, sin la amargura por los momentos críticos que pasó, Díaz relató a El País eN la dura vida de niño, ya le gustaba el canto y participaba en las horas cívicas de la escuela, pero tuvo que dejarla cuando cursaba tercero básico para nunca más pisar un centro educativo.
No conoció a su padre y su madre buscó otra pareja que le marcaría el sino de su vida. “No todos somos iguales y hay unos que se quieren desquitar” sostuvo para entender y explicar el maltrato que sufrió por parte del padrastro y que le dejó secuelas físicas.

Era vivir como rehén, una niñez atormentada que finalizó el día en que su madre le hizo escapar, tendría unos 12 años, para sobrevivir empezó a trabajar en distintos lugares de las zonas de Paicho e Iscayachi como jornalero, ayudante de albañil y agricultura.

Pero, las consecuencias del maltrato físico empezaron a surgir y entre los 13 y 14 años comenzó a caer enfermo frecuentemente. Le diagnosticaron una infección crónica en los huesos que lo llevó durante años a frecuentar el hospital tarijeño.

Llegó un momento en que ya no era posible el trabajo físico, pero “el reflejo del sufrimiento trae fuerza para seguir adelante” y se compró una mochila que la llenó de pastillas, coca, agujas, peines y otras baratijas “que no pesan nada y permiten trajinar” y recorría las comunidades ofreciéndolas para seguir con la vida y, además, cumplir con un sueño que se había impuesto, “tener un lotecito”.

Un poco más allá de los 17 años se buscó una compañera, con la cual tuvo dos hijos. Nuevamente cayó enfermo, pero esta vez el mal lo llevó a estar postrado durante año y nueve meses en el hospital de Sucre. No podía moverse y los médicos auguraron que ya no se podía hacer nada. No había solución y mejor que disfrute de la compañía de sus hijos en sus días finales.

No se amilanó. Retornó a Tarija, otra vez el hospital, pero esta vez el destino le puso en el camino a quien recuerda con un incondicional agradecimiento, el Dr. William Cavero, traumatólogo. Anatolio recordó claramente sus palabras: “De gana te han llevado a Sucre campeón. Te hago una receta y me la cumples”

A los ocho días ya se sentía como nunca, cicatrizaron sus heridas y le embargó la emoción de volver al lugar donde nació, Paicho y su única intención era vivir un año más, y al bajar la cuesta se le vino a la mente su primera composición que años después sería un éxito, “De vuelta a mi pago”.

La política

Con sus hijos ya grandes, enfrentó la separación de su esposa. Y vino el tiempo de la política. En 2005, a la gente ya le gustaba las canciones que interpretaba en las ferias en las que subía al escenario sólo por cantar “aunque sea un temita”. Por esa época, por ejemplo la radio Tarija le aceptaba algunas canciones, Evo era candidato y un día fue abordado por Julia Ramos.

Vio que era útil para la campaña, le habló con esa charla de político (no me gustó mucho ese perfil, diría años después), con tu apoyo vamos a ganar le dijo, con nosotros vas a entrar le dijo, va a tener trabajo le dijo. Convencido, trabajó y compuso temas para el “Instrumento” porque pensaba que eso paliaría su pobreza y le ayudaría a sacar adelante a sus hijos.

Así llegó a La Paz, fue mensajero en la Cámara de Diputados, el sueldo era 1.700 bolivianos de los cuales religiosamente 500 eran para sus hijos, la mayor en la “U” y el otro aún en colegio, 500 el alquiler del mísero cuarto en el que vivía en la gran urbe, otros 500 para su alimentación y gastos menores, y 200 se iban para el “Instrumento”.

Llegó a palpar en carne propia “cómo son los políticos”, cómo lo utilizaban, cuáles son sus condiciones, le lavaron el cerebro y les creyó. Pero comprendió que todo era un fraude, aguantó cuatro años y tres meses y retornó a Tarija cómo se había ido, sin nada.

Ahora, ya experimentado, y con el lotecito que compró con su ex esposa, se fijó la meta de construir seis cuartos en nueve meses. 2010 fue un buen año, las dos huertas que tenía produjeron bastante durazno, los suficientes para nueve quintales de pelón que vendió y compró cemento, calaminas y viguetas. Hizo nueve cuartos, los alquiló todos, con la platita se sintió “como azadón encabado”, aprendió a tocar de oído una guitarra que compró y se propuso grabar un CD.

Actualmente ya produjo dos discos compactos, ha hecho como 29 giras en la Argentina, en lugares como Salta, Santa Fe, Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Mendoza y Jujuy, actúa en fiestas de bolivianos, en programas de radio y tocadas en locales grandes.

En Tarija, se presentó en casi todas las comunidades, en algunas hay ferias que no se pueden hacer si él no está presente como La Victoria, Padcaya, Camacho, Rejará, La Huerta, Tolomosa, Pampa Redonda, León Cancha, Yesera,  El Chaco, Entre Ríos, etc.

Compuso canciones como De vuelta a mi pago, las chacareras A la madre, A la despertadora mañanera, Cartita a mi comunidad, el huayño No quiero recordar mi vida que pasó, el bailecito Yo no sé que me pasó, las cuecas La duraznera, Yesera, El tormento y Qué belleza es mi Tarija.
Su actual pareja es la que maneja su agenda artística y su auto – un Ipsun plateado modelo 98-  con el que viaja a sus presentaciones y, con la calma que le caracteriza, sentenció: “Querer es poder y nada es imposible en la vida”.

De gana te han llevado a Sucre, campeón. Te hago una receta y me la cumples”.
Dr. William Cavero, traumatólogo

El País

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