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Ser lesbiana en Tarija, una lucha constante contra los prejuicios

Una mirada de desaprobación, un gesto despectivo, una risa cuando no es un grito incriminatorio es un acto cotidiano con el que tienen que lidiar las pocas lesbianas que se atreven a demostrar su amor a su pareja en público. El resto prefiere ocultar ante la sociedad su cariño por miedo al rechazo o a la discriminación.

Ser lesbiana en Tarija, una lucha constante contra los prejuicios
“¿Que le agarre la mano a mi pareja? Uhh…tengo que decir ¡soltame, soltame! A veces por el temor y el miedo tengo que decir que mi pareja es mi hermana. En la misma casa donde alquilamos tengo que decir que es mi hermana por miedo de que nos discriminen. En mi barrio creen que es mi hermana, no mi pareja”, cuenta Maritza Flores, una joven comerciante que a pesar de hablar ante este medio libremente de su sexualidad todavía tiene cierta preocupación de revelar su amor al resto de la sociedad.
Mamá de una niña de 13 años, vive actualmente con su novia con la que comparte la educación y el cuidado de su hija. Maritza tenía 14 años cuando se quedó embarazada pero ya percibía su atracción por las mujeres. 
“Mi primer beso fue de una chica, me atraían,  pero tenía 13 años y todavía uno no sabe lo que quiere. Me embaracé a los 14. Después de que mi hija tenía dos años, el papa de mi hija falleció y me quede sola. No faltaban pretendientes pero me di cuenta que me gustaban más las mujeres”, relata.
Su pareja se lleva muy bien con la niña, la reniega, juega con ella, la lleva al colegio. La niña apoya la sexualidad de su madre y no tiene ningún problema con su desarrollo. “Ella dice que les había comentado a sus compañeras que su mamá es lesbiana y que su compañera le dijo ¡qué churo!”, dice entre risas.
Sin embargo, no todo el mundo acepta la opción sexual que Maritza ha elegido libremente y a menudo tiene que soportar comentarios despectivos o incluso el distanciamiento de su círculo de amigos que no comprenden su condición sexual. “He escuchado por parte de amigos decir malditas lesbianas, maricones, pobres maricas,  cómo van a estar así, qué asco…”
Sin embargo, frente al rechazo social, y a diferencia de su pareja a quien toda su familia la ha dejado de lado por su condición de lesbiana,  cuenta con el apoyo de su madre quien siempre le acompaña a los actos y manifestaciones sobre la diversidad sexual.
 “Al principio fue una sorpresa para mí. Pero si ella ha decidido ser así. Ni modo. Yo le apoyo y le acepto. Hace ya como cinco años atrás que me he enterado de eso y estoy tranquila. A los padres que no aceptan a sus hijos les diría que han de aceptarlos tal como son porque si no es peor. A veces hay consecuencias porque yo he visto morir a un chico por esa razón porque sus padres no lo aceptaban. No desearía que mis hijos tomen ese camino. Realmente si de verdad son padres de familia y quieren a sus hijos que lo acepten como son”, señala su madre con una sonrisa mientras alista los preparativos para la marcha por la diversidad sexual que recorrió el pasado sábado las calles de Tarija.
Melisa, estudiante de Auditoria en la Universidad Juan Misael Saracho y activista de la Asociación por los Derechos de las Lesbianas “Les Voz”, cuenta también como ha sido increpada en alguna ocasión por demostrar cariño hacia su novia en lugares públicos.
 “Un espacio público es de todos y como todo espacio público nos gusta darnos la mano, darnos besitos y estar conversando como cualquier otra pareja,  pero si haces eso la gente te mira mal, raro o se ríen. Un día estábamos sentadas en un muro de la avenida principal besándonos. De repente paró un auto y salió una señora gritándonos lesbianas de mier… iros a vuestra casa. Pero bueno en su ignorancia la gente te dice este tipo de cosas”, comenta.
A pesar de todo, Melisa habla sin tapujos desde el convencimiento de que su condición sexual no perjudica a nadie y que será la sociedad la que se vaya adaptando a la diversidad sexual que en Bolivia, en Tarija y en todas partes del planeta ha existido, existe y existirá siempre.
Explica que la discriminación por ser lesbiana está impregnada también en las universidades y en las empresas. 
“En educación, por ejemplo todavía no tenemos en el país la ley de identidad. Hay mujeres que ya han adoptado su apariencia varonil y en la universidad se están encontrando con situaciones embarazosas como al momento de llamarte a lista estas con el nombre de Jimena Andrea mientras que en apariencia eres un hombre. En las facultades existe la discriminación si eres una chica bonita el docente te mira con la mejor sonrisa pero si no eres tan atractiva se complica la situación”, lamenta.
El acoso y las violaciones, la principal lacra de Bolivia, golpea, como a todas mujeres, también a las lesbianas. Sin embargo, la mayoría de estas violaciones quedan en la impunidad y muy pocas acaban en denuncia.
“En el ambiente donde nos reunimos existen casos pero no llegan a denunciarse. Son cosas de fin de semana, salen, se van a boliche y se encuentran a personas mal intencionadas que se las llevan y a la semana te cuentan que han sufrido violación”, asegura.
No en vano, son varios los casos de mujeres lesbianas que tienen hijos producto de la violación. “Conocemos historias de amigas que tienen sus hijas. Y nos cuentan que por ir a la disco o por querer confiar en una persona se convierte en violación. Lo que pasa que no hay encuestas y no hay datos estadísticos. Lo hemos planteado a la universidad y a diversas instituciones pero parece que no interesa”, cuenta Maritza.

Legislación
En cuanto a sus derechos en materia de unión o matrimonio homosexual y adopción, en Bolivia todavía no existe ninguna ley que reconozca estos derechos como si ocurre en otros países como Argentina, Uruguay,  España o Estados Unidos- donde el Tribunal Supremo de este país legalizó recientemente el matrimonio igualitario en todos estados- entre otros países.  Es más, en Bolivia no solo no existe la ley sino que según encuestas publicadas en medios nacionales más del 70 por ciento de la población rechazaría el matrimonio igualitario y la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo.
Una encuesta que Melisa cree que no se ajusta a la realidad y que el muestreo no ha sido realizado a un número de personas significativo. “No creo que el 70 por ciento este en contra. Todos tienen parientes o algún conocido que pertenezca a las diversidades sexuales. Ha sido una muestra muy pequeña, por ejemplo si tú te vas a la parte de Yacuiba vas a encontrar más diversidad sexual por el tema de las fronteras y la influencia siempre es mucha. Esa encuesta no tiene mucha relevancia y a nivel nacional somos el 10% de la población”, cuestiona.
Para la futura auditora, Bolivia es un país todavía arraigado a las costumbres y se ve a la familia como el pilar de la sociedad, un pilar que ha de estar formado por un hombre y una mujer.  “La gente todavía no tiene conciencia de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos. Nos falta pero creo que no estamos lejos”.
Una opinión que comparte también Maritza, ya que, desde su punto de vista, en Bolivia, comparando con otros lugares todavía no se está preparado para las leyes igualitarias. Ante eso, solo queda salir a la calle y que la población vea que existen personas de diferentes orientaciones sociales. “Que la sociedad sepa que hay mujeres lesbianas y que hay parejas entre hombres para que la sociedad misma nos pueda aceptar. Si no salimos del closet cómo nos van a aceptar”, resalta.

Falta de apoyo
Maritza, su madre, Melisa junto a un grupo de activistas del colectivo de Transexuales, Lesbianas, Gays y Bisexuales (TLGB), agarran la bandera multicolor y acompañadas, por una banda de música, marchan por las calles de la capital del departamento para revindicar la igualdad de derechos, coincidiendo con que al día siguiente se celebra el Día Mundial de la Diversidad Sexual.
En la caminata, no participa ninguna autoridad. No está Adrián Oliva, ni Rodrigo Paz ni tampoco ningún asambleísta, concejal o asambleísta. Desde el colectivo aseguran que se les ha invitado a la marcha pero nadie ha aparecido.  Quizás se olvidan de que este colectivo por mínimo que sea también es parte de la sociedad y del electorado del departamento que meses antes les concedió su voto.
Con la prensa sucede tres cuartos de lo mismo. En Tarija existen casi un centenar de medios de comunicación pero no llegan a cinco los medios que cubren la marcha de la diversidad sexual.
“Creemos que todavía hace falta concientizar más a la población. Ellos están presentando un anteproyecto de ley contra la discriminación sexual y por la diversidad de género. Esperamos que salga adelante para que se elimine toda forma discriminación. Todos los años, tal vez por los horarios o por el frio, vemos que no se da cobertura”, indica la defensora del Pueblo, Gladys Sandoval.
A pesar de todo, Sandoval expresa su satisfacción por los avances alcanzados en materia de derechos humanos ya que antes la población rechazaba estas manifestaciones y ahora se ven más muestras de aplausos y respeto.
“La opción sexual no tiene que ver con los derechos del ser humano, son personas iguales que todos y tal cual dice la Constitución Política del Estado que se debe respetar la opción sexual de cada persona. Todavía muchas personas no salen del closet ya que tienen miedo o vergüenza pero cada vez son más los que se atreven a reconocer su condición sexual”, asevera.



El tabú del área rural

Al finalizar la caminata, conversamos con María Paola, de 18 años y procedente de Padcaya que nos cuenta la liberación que ha sentido al trasladarse a la ciudad y lo complicado que es revelar tu identidad sexual en las zonas rurales.
“He pasado por un proceso totalmente difícil en mi familia, llevo luchando con mi familia desde que era pequeña por el rechazo que tenía. Mis tíos me rechazaban ya que nunca podía estar como ellos querían. Después de mi etapa en el colegio he empezado a conocer personas diferentes, lesbianas, gays y me he ido sintiendo un poco más libre para  poder hacer las cosas que me gustan”, relata.
Cuando María llegó a Tarija empezó a ver como sus nuevas amistades entendían su situación y fue ahí donde empezó a gustarle una amiga. “Tenía miedo que se enteraran mis amigas del colegio y mi familia por miedo al rechazo, pero ya estamos luchando para que nos acepte la sociedad. Queremos que pueda haber un matrimonio igualitario”, dice con firmeza.
En las zonas rurales, la libertad sexual es un tema prácticamente tabú y estas temáticas apenas se abordan.  “En los municipios, estas temáticas no se conocen allá o convivir libremente como somos cada uno. En Padcaya se ocultan por miedo al rechazo y acá en la ciudad se liberan. Yo en Padcaya me empecé a sentir diferente y sentía el rechazo de la sociedad porque me gusta vestirme como un chico. Tal vez no quiera ser un chico pero me gusta identificarme con esta ropa, con la que realmente me siento cómoda”, cuenta. 
En cuanto al rechazo, explica que durante la misma caminata un chico al que le entregó el afiche de diversidad sexual lo botó directamente al suelo con cara de desaprobación. “Es dañino que nos rechacen en nuestra cara. También hay miradas de rechazo por eso queremos luchar para que se acabe eso”.
Cambiar esa discriminación es el objetivo por el que marcharon este fin de semana millones de personas en todo el mundo. Libertad sexual e igualdad de derechos que toda persona merece independientemente de su origen, raza u orientación sexual.

El País

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